Durante la siguiente hora, observé a Travis m antener a ray a a las
chicas y engullir dos chupitos de whisky en el salón. Cada vez que m e
pillaba espiándolo, apartaba la m irada, decidida a acabar la noche sin m
ontar una escena.
—Tenéis pinta de estar m uy agobiados —dij o Shepley.
—No podrían parecer m ás aburridos aunque lo intentaran —gruñó
Am erica.
—No te olvides de que no queríam os venir —les recordó Finch.
Am erica puso su fam osa cara con la que siem pre conseguía hacerm
e ceder.
—Podrías disim ular un poco, Abby. Por m í.
Justo cuando iba a abrir la boca para soltarle un corte, Finch m e tocó
el brazo.
—Creo que hem os cum plido con nuestra obligación. ¿Lista para
irnos, Abby ?Me bebí lo que m e quedaba de la cerveza con un m ovim
iento rápido ydespués cogí la m ano de Finch. Aunque estaba ansiosa por
irm e, m e quedé depiedra cuando la m ism a canción que Travis y y o
bailam os en m i fiesta decum pleaños em pezó a flotar escaleras arriba.
Cogí la botella de Finch y le di otro
trago, intentando bloquear los recuerdos que volvían j unto con la m
úsica.
Brad se apoy ó j unto a m í.
—¿Quieres bailar?
Le sonreí y dij e que no con la cabeza. Em pezó a decir otra cosa, pero
lo interrum pieron.
—Baila conm igo.
Travis estaba a escasa distancia y con la m ano tendida hacia m í.
Am erica, Shepley y Finch nos observaban fij am ente, esperando m
i respuesta a Travis.
—Déj am e en paz, Travis —dij e, cruzándom e de brazos.
—Es nuestra canción, Palom a.
—No tenem os canción.
—Abby …
—No.
Miré a Brad con una sonrisa forzada.
—Me encantaría bailar, Brad.