Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 311

form arse baj o m i vestido. Justo cuando pensaba que m e iban a esta- llar los pulm ones, una canción lenta em pezó a sonar por los altavoces. Finch observó incóm odo a nuestro alrededor cóm o la gente se em parej aba y seacercaba. —Vas a hacerm e bailar esto, ¿no? —preguntó él. —Es San Valentín, Finch. Finge que soy un chico. Él se rio y m e cogió entre sus brazos. —Me va a resultar difícil con ese vestido rosa corto que llevas. —Ya, claro, com o si nunca hubieras visto a un chico con un vestido. Finch se encogió de hom bros. —Cierto. Se rio m ientras acercaba m i cabeza a su hom bro. Sentí el cuerpo pesado y torpe cuando intenté m overm e siguiendo aquel ritm o lento. —¿Puedo interrum pir, Finch? Travis estaba de pie a nuestro lado. Parecía divertido por la situación, pero tambiénalertaamireacción.Inmediatamentesemeencendieronlas mejillas. Finch m e m iró a m í y luego a Travis. —Claro. —Finch —dij e entre dientes, m ientras él se alej aba. Travis m e em puj ó contra él, pero y o intenté m antener tanto espacio entre nosotros com o m e fue posible. —Pensé que no ibas a venir. —Y no iba a hacerlo, pero m e he enterado de que estabas aquí, así que tenía que venir. Miré a m i alrededor, evitando sus oj os. Me fij aba cuidadosam ente en cada unodesus movimientos:los cambios depresióndesus dedos en los puntos donde metocaba,cómoarrastrabalospiesjuntoalosmíosocómodesli zabalosbrazos sobre m i vestido. Me sentía ridícula fingiendo que no m e daba cuenta. Se le estaba curando el oj o, el hem atom a casi había desaparecido y y a no tenía m anchas roj as en la cara, o bien habían sido solo fruto de m i im aginación. Todas las pruebas de esa horrible noche se habían borrado y solo quedaban los recuerdosdolorosos. Seguía de cerca cada una de m is respiraciones y, cuando la canción estaba a punto de acabar, suspiró. —Estás preciosa, Palom a.