form arse baj o m i vestido. Justo cuando pensaba que m e iban a esta-
llar los pulm ones, una canción lenta em pezó a sonar por los altavoces.
Finch observó incóm odo a nuestro alrededor cóm o la gente se em parej
aba y seacercaba.
—Vas a hacerm e bailar esto, ¿no? —preguntó él.
—Es San Valentín, Finch. Finge que soy un chico. Él se rio y m e
cogió entre sus brazos.
—Me va a resultar difícil con ese vestido rosa corto que llevas.
—Ya, claro, com o si nunca hubieras visto a un chico con un vestido.
Finch se encogió de hom bros.
—Cierto.
Se rio m ientras acercaba m i cabeza a su hom bro. Sentí el cuerpo
pesado y torpe cuando intenté m overm e siguiendo aquel ritm o lento.
—¿Puedo interrum pir, Finch?
Travis estaba de pie a nuestro lado. Parecía divertido por la situación,
pero
tambiénalertaamireacción.Inmediatamentesemeencendieronlas
mejillas.
Finch m e m iró a m í y luego a Travis.
—Claro.
—Finch —dij e entre dientes, m ientras él se alej aba.
Travis m e em puj ó contra él, pero y o intenté m antener tanto espacio
entre nosotros com o m e fue posible.
—Pensé que no ibas a venir.
—Y no iba a hacerlo, pero m e he enterado de que estabas aquí, así
que tenía que venir.
Miré a m i alrededor, evitando sus oj os. Me fij aba cuidadosam ente
en cada unodesus movimientos:los cambios depresióndesus dedos en los
puntos donde metocaba,cómoarrastrabalospiesjuntoalosmíosocómodesli
zabalosbrazos sobre m i vestido. Me sentía ridícula fingiendo que no m
e daba cuenta. Se le estaba curando el oj o, el hem atom a casi había
desaparecido y y a no tenía m anchas roj as en la cara, o bien habían
sido solo fruto de m i im aginación. Todas las pruebas de esa horrible
noche se habían borrado y solo quedaban los recuerdosdolorosos.
Seguía de cerca cada una de m is respiraciones y, cuando la canción
estaba a punto de acabar, suspiró.
—Estás preciosa, Palom a.