Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 307

—Nos vem os por la m añana —dij o Am erica, dándom e un beso en la m ej illa. Travis cogió m i vaso y lo dej ó en la m esita de noche. Se quedó m irándom e un m om ento y después fue hasta su arm ario, descolgó una cam isa y la lanzó sobre la cama. —Siento cagarla tanto —dijo él, suj etándose la cerveza contra el oj o. —Tienes un aspecto terrible. Mañana estarás hecho una m ierda. Él sacudió la cabeza, disgustado. —Abby, has sufrido un ataque esta noche. No te preocupes por m í. —Es difícil m ientras veo cóm o se te hincha el oj o —dij e, m ientras m e ponía la cam isa en el regazo. Apretó las m andíbulas. —No habría pasado si hubiera dej ado que te quedaras con Parker. Pero sabía que, si te lo pedía, vendrías. Quería dem ostrarle que sigues siendo m ía. Y has acabado herida. Sus palabras m e pillaron desprevenida y pensé que no había oído bien. —¿Por eso m e pediste que fuera esta noche? ¿Para dem ostrarle algo a Parker? —En parte, sí —dij o, avergonzado. Se m e heló la sangre en las venas. Por prim era vez desde que nos conocíam os, Travis m e había engañado. Había ido a Hellerton con él pensando que m e necesitaba, pensando que, a pesar de todo, habíam os vuelto a donde estábam os al principio. Y no era m ás que un farol; él había m arcado su territorio y y o se lo había permitido. Se m e llenaron los oj os de lágrim as. —¡Vete! —Palom a —dij o él, dando un paso hacia m í. —¡Vete! —dij e cogiendo el vaso de la m esita de noche y lanzándolo contra él. Travis se agachó y el vaso estalló contra la pared en cientos de pe- queños y relucientes añicos. —¡Te odio! Travis suspiró com o si le hubieran sacado todo el aire de un golpe y,