Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 304

cuando nos vio de pie en la acera. —Tú —gruñó Travis. Me soltó y corrió por el césped hasta que tiró al hom bre al suelo. Miré a Shepley, confusa y horrorizada. —Ese es el tipo que no dej aba de em puj ar a Travis dentro del Círculo —dij o Shepley. Una pequeña m ultitud se reunió alrededor de ellos m ientras lucha- ban en el suelo. Travis asestó un puñetazo tras otro en la cara de aquel hom bre, m ientras Shepley volvía a apretarm e contra su pecho, aún j adeando. El hom bre dej ó de devolver los golpes, y Travis lo dej ó san- grando en el suelo. Quienes se habían congregado a su alrededor, se dispersaron para dar m ás espacio a Travis, al ver la rabia en sus oj os. —¡Travis! —gritó Shepley, señalando al otro lado del edificio. Ethan coj eaba en la som bra, usando el m uro de ladrillos de Hellerton para suj etarse. Cuando oy ó a Shepley gritar el nom bre de Travis, se volvió j usto a tiem po para ver a su asaltante abalanzarse sobre él. Tras lanzar la botella de cerveza que llevaba en las m anos, Ethan cruzó coj eando el césped en dirección a la calle tan rápido com o sus piernas se lo perm itían. Precisam ente cuando llegó a su coche, Travis lo cogió y lo golpeó contra elvehículo. Ethan no dej aba de suplicar a Travis, pero este lo agarró por el cuello de la cam isa y estam pó su cabeza en la puerta del coche. Las súplicas se acabaron con el sonoro golpe de su cráneo contra el parabrisas; inm ediatam ente, Travis lo em puj ó delante del coche y rom pió un faro con la cara de Ethan. Travis lo lanzó sobre el capó y aplastó su cara contra el m etal m ientras gritabaobscenidades. —Mierda —dij o Shepley. Me volví y vi el resplandor azul y roj o de las luces de un coche de policía que se acercaba rápidam ente. Montones de personas saltaron desde la plataform a, creando una cascada hum ana desde la salida de incendios, y ráfagas de estudiantes salieron corriendo en todas lasdirecciones. —¡Travis! —grité. Travis dej ó el cuerpo inerte de Ethan sobre el capó del coche y corrió hacia nosotros. Shepley m e llevó hasta el aparcam iento y abrió a toda velocidad la puerta de su coche. Salté al asiento trasero y esperé angus-