La lucha estaba en su clím ax. Nadie podía oírm e.
Un hom bre perdió el pie y agarró m i cam isa para enderezarse, ti-
rándom e la cerveza por toda m i parte delantera. Me quedé em papada
desde el cuello hasta la cintura, y apestaba al olor am argo de la cer-
veza barata. El hom bre seguía suj etándom e la cam isa con su puño
m ientras intentaba levantarse del suelo, así que tuve que arrancarle los
dedos de dos en dos hasta que m e soltó. No se m olestó en m irarm
e dos veces y se abrió cam ino hacia delante entre la muchedumbre.
—¡Oy e! ¡Te conozco! —m e gritó otro hom bre al oído.
Me eché hacia atrás y lo reconocí de inm ediato. Era Ethan, el hom
bre al que Travis había am enazado en el bar, el m ism o que de algún m
odo se había librado de unos cargos de agresión sexual.
—Sí —dij e, m ientras buscaba un hueco entre el público y m e colo-
caba bien la camisa.
—Bonita pulsera —dij o él, al tiem po que baj aba su m ano por m i
brazo y m e cogía la m uñeca.
—¡Oy e! —lo avisé, apartando la m ano.
Me frotó el brazo, balanceándose y sonriendo.
—La últim a vez que intenté hablar contigo nos interrum pieron de
form a m uy grosera.
Me puse de puntillas y vi a Travis asestando dos golpes a Brady en
la cara. Barrió el público que nos separaba con la m irada. Me estaba
buscando en lugar de centrarse en la pelea. Tenía que volver a m i sitio
antes de que se distraj era demasiado.
Apenas m e había abierto paso entre el público cuando los dedos de
Ethan se clavaron en la parte trasera de m is vaqueros. Volví a darm e
contra la pared una vezmás.
—No he acabado de hablar contigo —dij o Ethan, pegando un repaso
a m i camisamojadaconunaactitudevidentementelasciva.
Le quité la m ano de la parte trasera de m is vaqueros, clavándole las
uñas.
—¡Suéltam e! —grité cuando se resistió. Ethan se rio y m e em puj ó
contra él.
—No quiero soltarte.
Busqué una cara fam iliar entre la m ultitud, intentando alej ar a
Ethan al m ism o tiem po. Sus brazos pesaban m ucho y m e agarraba con