Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Página 300

que los de State se dividían entre abuchear a Travisy anim ar a Brady. Estaba en una posición privilegiada desde la que podía ver cóm o Brady destacaba sobre Travis, m oviéndose im paciente por que el m egáfono sonara. Com o siem pre, Travis sonreía ligeram ente, sin dej ar que la locura de su alrededor lo afectara. Cuando Adam dio inició a la pelea, Travis intencionadam ente dej ó que Brady asestara el prim er puñetazo. Me sorprendió que el golpe lanzara su cara con fuerza hacia un lado. Brady había estado entrenando. Travis sonrió y vi que sus dientes se habían teñido de un roj o brillan- te; entonces se centró en devolver cada golpe que lanzabaBrady. —¿Por qué está dej ando que le pegue tanto? —pregunté a Shepley. —Me parece que y a no le está dej ando —dij o Shepley, sacudiendo la cabeza —. No te preocupes, Abby. Se está preparando para apuntarse un tanto. Después de diez m inutos, Brady estaba a punto de quedarse sin re- suello, pero todavía conseguía asestar sólidos golpes a Travis en los costados y en la m andíbula. Travis cogió el zapato de Brady cuando intentó pegarle una patada, y le suj etó la pierna con una m ano, m ientras le daba en la nariz antes de levantar m ás la pierna de Brady, haciendo que perdiera el equilibrio. El público estalló cuando Brady cay ó al suelo, aunque no se quedó m ucho tiem po allí. Se levantó, pero con dos líneas roj o oscuro que le salían de la nariz. De inm ediato, pegó dos puñetazos m ás a la cara de Travis y le provocó un corte en la cej a; em pezó a salirle sangre, que le goteó por la m ejilla. Cerré los oj os y m e di m edia vuelta, con la esperanza de que Travis rem atara la pelea pronto. El ligero m ovim iento de m i cuerpo m e dej ó atrapada en la corriente de espectadores y, antes de poder enderezarm e, estaba a varios m etros de un preocupado Shepley. Mis esfuerzos por luchar contra la m ultitud resultaron ineficaces y, en m uy poco tiem po, m e estaban aplastando contra la pared de atrás. La salida m ás cercana estaba al otro lado de la habitación, a la m ism a distancia que la puerta por la que había entrado. Me di en la espalda contra la pareddehormigón,loquemedejósinaliento. —¡Shep! —grité, m oviendo la m ano por encim a de m í para llam ar su atención.