que los de State se dividían entre abuchear a Travisy anim ar a Brady.
Estaba en una posición privilegiada desde la que podía ver cóm o
Brady destacaba sobre Travis, m oviéndose im paciente por que el m
egáfono sonara. Com o siem pre, Travis sonreía ligeram ente, sin dej ar
que la locura de su alrededor lo afectara. Cuando Adam dio inició a
la pelea, Travis intencionadam ente dej ó que Brady asestara el prim er
puñetazo. Me sorprendió que el golpe lanzara su cara con fuerza hacia un
lado. Brady había estado entrenando.
Travis sonrió y vi que sus dientes se habían teñido de un roj o brillan-
te; entonces se centró en devolver cada golpe que lanzabaBrady.
—¿Por qué está dej ando que le pegue tanto? —pregunté a Shepley.
—Me parece que y a no le está dej ando —dij o Shepley, sacudiendo
la cabeza
—. No te preocupes, Abby. Se está preparando para apuntarse un
tanto.
Después de diez m inutos, Brady estaba a punto de quedarse sin re-
suello, pero todavía conseguía asestar sólidos golpes a Travis en los
costados y en la m andíbula. Travis cogió el zapato de Brady cuando
intentó pegarle una patada, y le suj etó la pierna con una m ano, m ientras
le daba en la nariz antes de levantar m ás la pierna de Brady, haciendo
que perdiera el equilibrio. El público estalló cuando Brady cay ó al suelo,
aunque no se quedó m ucho tiem po allí. Se levantó, pero con dos líneas
roj o oscuro que le salían de la nariz. De inm ediato, pegó dos puñetazos
m ás a la cara de Travis y le provocó un corte en la cej a; em pezó a salirle
sangre, que le goteó por la m ejilla.
Cerré los oj os y m e di m edia vuelta, con la esperanza de que Travis
rem atara la pelea pronto. El ligero m ovim iento de m i cuerpo m e dej
ó atrapada en la corriente de espectadores y, antes de poder enderezarm
e, estaba a varios m etros de un preocupado Shepley. Mis esfuerzos por
luchar contra la m ultitud resultaron ineficaces y, en m uy poco tiem po,
m e estaban aplastando contra la pared de atrás.
La salida m ás cercana estaba al otro lado de la habitación, a la m ism
a distancia que la puerta por la que había entrado. Me di en la espalda
contra la pareddehormigón,loquemedejósinaliento.
—¡Shep! —grité, m oviendo la m ano por encim a de m í para llam
ar su atención.