¿Acaso has visto a Abby intentando tirarse al prim er chico con el que
se cruza! No es Travis, Shepley, ese es el problem a. ¡No te ha pedido
que lo defiendas! Uf…Nopiensohablarmásdeesto.Novuelvasallamarme.
Adiós.
Salió a toda prisa del coche, cruzó la calle y subió furiosa las escaleras.
Intenté seguirle el ritm o para poder oír su parte de la conversación.
Cuando su teléfono volvió a sonar, lo apagó.
—Travis ha pedido a Shep que lleve a Megan a casa. Quería pasarse
por aquí cuando regresara.
—Deberías dej ar que viniera, Mare.
—No, tú eres m i m ej or am iga. No puedo tragar con lo que he visto
esta noche, y no puedo estar con alguien que lo defienda. Fin de la con-
versación, Abby, lo digo enserio.
Asentí y Am erica m e abrazó por los hom bros, acercándom e a ella
m ientras subíam os las escaleras a nuestras habitaciones. Kara y a estaba
dorm ida y y o m e salté la ducha y m e m etí en la cam a vestida de la ca-
beza a los pies, con el abrigo y todo. No podía dej ar de pensar en Travis
entrando por la puerta con Megan, ni en las m anchas de pintalabios roj
o por toda su cara. Intenté alej ar de m i m ente las im ágenes asquerosas
de lo que habría pasado si no hubiera estado allí y pasé por varias em
ociones hasta quedarm e en ladesesperación.
Shepley tenía razón. No tenía ningún derecho a estar enfadada, pero
ignorar eldolornomeayudaba.
Finch sacudió la cabeza cuando m e senté en la silla al lado de la suy
a. Sabía que m i aspecto era horrible; apenas tenía energía para cam
biarm e de ropa y cepillarm e los dientes. Solo había dorm ido una hora
la noche anterior, incapaz de olvidarm e del pintalabios roj o en la boca
de Travis o de la culpa por la ruptura de Shepley yAm erica.
Am erica decidió quedarse en la cam a, consciente de que una vez
que se le calm ara el enfado llegaría el turno de la depresión. Quería a
Shepley y, por m uy determ inada que estuviera en acabar las cosas por-
que él se había posicionado en el bando equivocado, tenía que preparase
para sufrir las consecuencias de su decisión.
Después de clase, Finch m e acom pañó a la cafetería. Com o tem ía,
Shepley esperaba a Am erica en la puerta. Cuando m e vio, no dudó.
—¿Dónde está Mare?