libres depreocupaciones.
—¿Cóm o pudiste? ¡Merecía algo m ej or de ti, Travis!
—¡Am erica, PARA! —gritó Shepley en voz m ás alta de lo que le
había oído jamás.
Ella dej ó caer los brazos a los lados, m ientras m iraba a Shepley con
incredulidad.
—¿Lo estás defendiendo?
Aunque parecía nervioso, se m antuvo firm e.
—Abby rom pió con él. Ahora Travis solo intenta seguir adelante.
Am erica frunció los oj os y obligó a Shepley a que le soltara elbrazo.
—Vale, y ¿por qué no vas a buscar a una PUTA cualquiera… —Se
volvió a m irar a Megan—… del Red y la traes a casa para follar? Luego
m e cuentas si te ha ay udado a olvidarte de mí.
—Mare… —Shepley la cogió pero ella se libró de él, cerrando la
puerta de un golpe una vez sentada tras el volante. Me senté a su lado,
procurando no m irar aTravis.
—Cariño, no te vay as —le suplicó Shepley, inclinándose a m irar por
la ventana.
Ella arrancó el coche.
—En este asunto, hay un lado bueno y uno m alo, Shep. Y tú estás en
el m alo.
—Yo estoy contigo —dij o, con m irada desesperada.
—No, y a no —añadió m ientras daba m archa atrás.
—¿Am erica? ¡Am erica! —le gritó Shepley m ientras ella se dirigía
a toda velocidad hacia la carretera, dej ándolo atrás. Suspiré.
—Mare, no puedes rom per con él por esto. Tiene razón. Am erica
puso la m ano sobre la m ía y m e la apretó.
—No, en absoluto. Nada de lo que acaba de pasar ha estado bien.
Cuando llegam os al aparcam iento de Morgan, el teléfono de Am
erica sonó.
Puso los oj os en blanco y respondió.
—No quiero que vuelvas a llam arm e nunca m ás. Lo digo en serio,
Shep — dij o ella—. No, no puedes…, porque no quiero, sim plem ente.
No puedes defender lo que ha hecho: no puedes defender que hay a he-
rido así a Abby y estar conm igo… ¡Eso es exactam ente lo que quiero
decir, Shepley ! ¡Da igual!