fingir que todo iba bien en la universidad para que tú fueras feliz… ¿Y
ahora tienes los coj ones de cabrearte conmigo?¡Merompisteelcorazón!
Sus últim as palabras resonaron en la noche.
—Travis, estás borracho. Dej a que Abby se vay a a casa —dij o
Shepley. Travis m e agarró de los hom bros y m e em puj ó hacia él.
—¿Me quieres o no? ¡No puedes seguir haciéndom e esto, Palom a!
—No he venido aquí para verte —dij e, con una m irada asesina.
—No la quiero —dij o él, m irándom e los labios—. Pero, j oder, m e
siento comouncabróndesgraciado,Paloma.
Le brillaron los oj os y se inclinó hacia m í, acercando la cabeza
para besarme.
Lo cogí por la barbilla y lo aparté.
—Tienes la boca m anchada de su pintalabios, Travis —dij e,
asqueada.
Dio un paso atrás y se levantó la cam iseta para lim piarse la boca.
Se quedó m irando las ray as roj asen la tela blanca y sacudió la cabeza.
—Solo quería olvidarm e de todo por una m aldita noche. Me sequé
una lágrim a que se m e había escapado.
—Pues no dej es que y o te la estropee.
Intenté llegar al Honda, pero Travis volvió a cogerm e por el
brazo. Inm ediatam ente, Am erica, fuera de sí, se lanzó a darle puñetazos
en el brazo. Él la m iró, abrió y cerró los oj os, asom brado y sin poder
creer lo que veía. Ella siguió levantando los puños y dej ándolos caer
contra su pecho hasta que m esoltó.
—¡Déj ala en paz, cabrón!
Shepley la cogió, pero Am erica lo em puj ó y se volvió para abofe-
tear a Travis. El sonido del golpe de su m ano contra su m ej illa fue
rápido y fuerte, y m e estrem ecí con el ruido. Todos nos quedam
os petrificados durante un momento,conmocionadosporlarabiarepent
inadeAmerica.
Travis frunció el ceño, pero no se defendió. Shepley volvió a cogerla,
esta vez por las m uñecas, y la em puj ó hasta el Honda m ientras ella lo
ponía verde.
Am erica se debatía violentam ente, y su pelo se m ovía de un lado
a otro m ientras intentaba soltarse. Me sorprendió su determ inación por
atacar a Travis. Odio puro brillaba en sus oj os norm alm ente dulces y