Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 285

de copos de nieve, y m i ira incontrolable pudo m ás que cualquier nece- sidad de fingir indiferencia. —Me alegra ver que vuelves a ser el de siem pre, Trav —dij e. El calor que irradiaba m i cara m e quem aba los oj os y nublaba m i visión. —Ya nos íbam os —le gruñó Am erica. Me cogió de la m ano al pasar j unto a Travis. Baj am os corriendo las escaleras hacia el coche; agradecí que estuviera a solo unos pasos de distancia, pues sentía que las lágrim as m e inundaban los oj os. Casi m e caí hacia atrás cuando m i abrigo se quedó enganchado en algo. Me solté de la m ano de Am erica, que se dio m edia vuelta al m ism o tiem po que y o. Travis estaba allí, agarrando el abrigo, y sentí que las orej as m e ar- dían a pesar del frío nocturno. Los labios y el cuello de Travis estaban m anchados de un ridículo roj ointenso. —¿Adónde vas? —dij o él, con una m irada entre ebria y confusa. —A casa —le solté, recolocándom e el abrigo cuando m e soltó. —¿Qué hacías aquí? Oí la nieve que cruj ía baj o los pies de Am erica, que se había coloca- do detrás de m í; Shepley baj ó a toda prisa las escaleras y se detuvo detrás de Travis, m irando con recelo a sunovia. —Lo siento. Si hubiera sabido que ibas a estar aquí, no habría venido. Se m etió las m anos en los bolsillos del abrigo. —Puedes venir siem pre que quieras, Palom a. Nunca he querido que te alejaras. No podía controlar la acidez de m i voz. —No quiero interrum pir. —Miré a lo alto de las escaleras, donde es- taba Megan con aire petulante—. Disfruta de tu velada —dij e, dándom e m ediavuelta. Me cogió del brazo. —Espera. ¿Te has enfadado? —Solté m i abrigo de su m ano—. Sabes…, ni siquiera sé por qué m e sorprendo. —Enarcó las cej as—. Contigo no puedo ganar. ¡No puedo ganar! Dices que hem os acabado… ¡Y y o m e quedo aquí hecho una m ierda! Tuve que rom per m i teléfono en un m illón de añi- cos para evitar llam arte cada m inuto de cada m aldito día… Tuve que