iento. Parker asintió, se m etió las m anos en los bolsillos y rápidam ente
volvió por donde había venido.
Kara estaba ley endo las próxim as lecciones de sus nuevos libros y,
cuando Am erica y y o entram os, nos recibió con una m ueca de disgus-
to. Su m al carácter nohabíamejoradodespuésdelasvacaciones.
Antes, solía pasar tanto tiem po en casa de Travis que podía aguantar
los insufribles com entarios y actitudes de Kara. Sin em bargo, después
de pasar cada tarde y noche con ella durante las dos sem anas anteriores a
que el sem estre acabara, m e di cuenta de que m i decisión de no com
partir habitación con Americaeramásquelamentable.
—Oh, Kara, no sabes cóm o te he echado de m enos —dij o Am erica.
—El sentim iento es m utuo —gruñó Kara, sin apartar la m irada de
su libro.
Am erica m e contó lo que hacía y los planes que tenía con Shepley
para el fin de sem ana. Buscam os vídeos divertidos en Internet, y nos
reím os tanto que se nos saltaban las lágrim as. Kara resopló unas
cuantas veces por el j aleo que montábamos,perolaignoramos.
Agradecí la visita de Am erica. Las horas pasaban tan rápidam ente
que no m e pregunté ni un m om ento si Travis habría llam ado hasta que
ella decidió dar por term inada la noche.
Am erica bostezó y m iró su reloj .
—Me voy a la cam a. Ab…, ah, ¡m ierda! —dij o ella, chasqueando
los dedos
—. Me he dej ado la bolsa del m aquillaj e en casa de Shep.
—Eso no es ninguna tragedia, Mare —dij e, todavía riéndom e del
últim o vídeo que habíam os visto.
—No lo sería si no tuviera allí m is pastillas anticonceptivas. Vam os.
Tengo que ir a buscarlo.
—¿No puedes pedirle a Shepley que te las traiga?
—Travis tiene su coche. Está en el Red con Trent. Me sentí m areada.
—¿Otra vez? ¿A qué viene eso de salir tanto con Trent, por cierto?
Am erica se encogió de hom bros.
—¿Qué m ás da? ¡Vam os!
—No quiero ir a casa de Travis. Se m e haría raro.
—¿Pero alguna vez m e escuchas? No está allí, está en el Red. ¡Venga,
vam os!