Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 282

Me colgué la bolsa del hom bro y cam inam os con dificultad hasta Morgan por la acera cubierta de sal. Un pequeño grupo de estudiante había em pezado una pelea de bolas de nieve en el césped, y Finch se estrem eció al verlos cubiertos de polvo incoloro. Mientras hacía com pañía a Finch hasta que se acabara el cigarrillo, noté que m e tem blaba la rodilla. Am erica vino disparada hacia nosotros, frotándose sus m ito- nes verdebrillante. —¿Dónde está Shep? —pregunté. —Se ha ido a casa. Travis necesitaba ay uda con algo, creo. —¿Y no has ido con él? —No vivo allí, Abby. —Eso, en teoría —le dij o Finch guiñándole un oj o. Am erica puso los oj os en blanco. —Disfruto pasando tiem po con m i novio. Finch tiró su cigarrillo a la nieve. —Me voy, señoritas. ¿Nos vem os en la cena? Am erica y y o asentim os, sonriendo cuando Finch m e besó prim ero a m í en la m ej illa y luego a Am erica. Se quedó en la acera húm eda, procurando no salirse del centro para no dar un m al paso y caerse en lanieve. Am erica m eneó la cabeza al ver sus esfuerzos. —Es ridículo. —Es de Florida, Mare. No está acostum brado a la nieve. Se rio y m e em puj ó hacia la puerta. —¡Abby ! Me volví y vi a Parker que pasaba corriendo j unto a Finch. Se paró y tuvo que esperar a recuperar algo de aliento antes de hablar. Su volum inoso abrigo gris se hinchaba con cada respiración, y m e reí ante la m irada curiosa con la que Am erica loobservaba. —¡Iba a… uf! Iba a preguntarte si querías ir a com er algo esta noche. —Oh. Pues…, pues la verdad es que y a le he dicho a Finch que ce- naría con él. —Muy bien, no pasa nada. Solo quería probar ese sitio nuevo de ham burguesas del centro. Todo el m undo dice que es m uy bueno. —Tal vez otro día —dij e, cay endo en la cuenta de m i error. Deseé que no interpretara m i respuesta frívola com o un aplazam