Me colgué la bolsa del hom bro y cam inam os con dificultad hasta
Morgan por la acera cubierta de sal. Un pequeño grupo de estudiante
había em pezado una pelea de bolas de nieve en el césped, y Finch se
estrem eció al verlos cubiertos de polvo incoloro. Mientras hacía com
pañía a Finch hasta que se acabara el cigarrillo, noté que m e tem blaba
la rodilla. Am erica vino disparada hacia nosotros, frotándose sus m ito-
nes verdebrillante.
—¿Dónde está Shep? —pregunté.
—Se ha ido a casa. Travis necesitaba ay uda con algo, creo.
—¿Y no has ido con él?
—No vivo allí, Abby.
—Eso, en teoría —le dij o Finch guiñándole un oj o. Am erica puso
los oj os en blanco.
—Disfruto pasando tiem po con m i novio. Finch tiró su cigarrillo a
la nieve.
—Me voy, señoritas. ¿Nos vem os en la cena?
Am erica y y o asentim os, sonriendo cuando Finch m e besó prim
ero a m í en la m ej illa y luego a Am erica. Se quedó en la acera húm
eda, procurando no salirse del centro para no dar un m al paso y caerse
en lanieve.
Am erica m eneó la cabeza al ver sus esfuerzos.
—Es ridículo.
—Es de Florida, Mare. No está acostum brado a la nieve. Se rio y m
e em puj ó hacia la puerta.
—¡Abby !
Me volví y vi a Parker que pasaba corriendo j unto a Finch. Se paró
y tuvo que esperar a recuperar algo de aliento antes de hablar. Su volum
inoso abrigo gris se hinchaba con cada respiración, y m e reí ante la m
irada curiosa con la que Am erica loobservaba.
—¡Iba a… uf! Iba a preguntarte si querías ir a com er algo esta noche.
—Oh. Pues…, pues la verdad es que y a le he dicho a Finch que ce-
naría con él.
—Muy bien, no pasa nada. Solo quería probar ese sitio nuevo de
ham burguesas del centro. Todo el m undo dice que es m uy bueno.
—Tal vez otro día —dij e, cay endo en la cuenta de m i error.
Deseé que no interpretara m i respuesta frívola com o un aplazam