Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 281

—No es nada personal, Abby. Tam poco puedo decir que nunca hay a tenido una cita… con unachica. —Lo sé. —Sacudí la cabeza con despreocupación, procurando ocul- tar la profunda vergüenza que sentía—. No pasa nada. De verdad. —Necesito que vay as —dij o Am erica—. Hicim os un pacto, ¿te acuerdas? Nada de ir a fiestas solas. —No estarás sola, Mare. Dej a de ser tan dram ática —respondí, abu- rrida y a de laconversación. —¿Quieres dram atism o? ¡Te llevé una papelera al lado de la cam a, te aguanté una caj a de pañuelos de papel durante toda la noche y m e levanté a por tu m edicina para la tos dos veces durante las vacaciones! ¡Me lodebes! Arrugué la nariz. —¡Cuántas veces te he recogido el pelo para que no se te m ancha- ra de vómito,AmericaMason! —¡Me estornudaste en plena cara! —dij o ella, señalándose la nariz. Me aparté el flequillo de los oj os de un soplido. Nunca podía discu- tir con Am erica cuando estaba decidida a salirse con la suya. —Vale —dij e entre dientes. —¿Finch? —le pregunté con m i m ej or sonrisa falsa—. ¿Querrías acom pañarm e a la estúpida fiesta de San Valentín de SigTau? Finch m e abrazó. —Sí, pero solo porque has dicho que era estúpida. De cam ino a clase con Finch después del alm uerzo, seguim os ha- blando sobre la fiesta de citas y lo m ucho que am bos la tem íam os. Elegim os un par de mesas en nuestra clase de Fisiología, y sacudí la ca- beza cuando el profesor em pezó a detallar el cuarto plan de estudios del día. La nieve em pezó a caer de nuevo, golpeando contra las ventanas, rogando entrar educadam ente para acabar cay endo decepcionada alsuelo. Cuando la clase acabó, un chico al que solo había visto una vez en la casa de Sig Tau dio un golpe en m i m esa al pasar y m e guiñó un oj o. Le respondí con una sonrisa educada y después m e volví hacia Finch. Él m e lanzó una sonrisa irónica, m ientras y o recogía m i libro y m i portátil, y los guardaba en m i m ochila sin esfuerzo.