erica para rozarle el cuello con los labios.
Am erica sonrió y se inclinó para besarlo.
—Está casi norm al…, tan norm al com o puede estar Trav. ¿Qué le
pasa? Shepley sacudió la cabeza y se encogió de hom bros.
—No lo sé. Lleva así y a un tiem po.
—¿No te parece inj usto, Abby ? Él está bien y tú, hecha un asco
—dij o Am erica sin preocuparse de quienes nosescuchaban.
—¿Estás hecha un asco? —m e preguntó Shepley sorprendido.
Me quedé boquiabierta y m e ruboricé por la vergüenza que sentí al
instante.
—Pues claro que no.
Am erica rem ovió la ensalada de su cuenco.
—Bueno, pero él está casi exultante.
—Déj alo, Mare —la avisé.
Ella se encogió de hom bros y siguió com iendo.
—Me parece que está fingiendo. Shepley le dio un codazo.
—¿America? ¿Vendrás a la fiesta de citas de San Valentín conmigo
o no?
—¿No me lo puedes pedir como un novio normal, es decir, con
educación?
—Te lo he pedido… varias veces. Y siempre me respondes que te lo
pregunte después.
Se desplomó en su asiento, haciendo pucheros.
—Es que no quiero ir sin Abby. Shepley puso cara de frustración.
—La últim a vez estuvo todo el tiem po con Trav. Apenas la viste.
—Dej a de com portarte com o un bebé, Mare —dij e, lanzándole una
ram ita de apio. Finch m e dio uncodazo.
—Te llevaría, tesoro, pero no m e van los chicos de la fraternidad, lo
siento.
—De hecho, es una buena idea —dij o Shepley, con oj os brillantes.
Finch hizo una m ueca de disgusto ante la idea.
—No soy de los Sig Tau, Shep. No soy nada. Las herm andades van
en contra de m ireligión.
—Finch, por favor —se lo pidió Am erica.
—Esto es un déjà-vu —m ascullé.
Finch m e m iró por el rabillo del oj o y luego suspiró.