Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 279

Todavía colgaban bolas m etálicas roj as y doradas del techo de la cafetería, y se m ovían con la corriente de la calefacción. Me cubrí con la chaqueta de punto y, cuando Finch se dio cuenta, m e abrazó y m e frotó el brazo. Sabía que estaba m irando dem asiado hacia Travis, pero tenía la esperanza de que alzara los oj os hacia m í; sin em bargo, él parecía haberse olvidado de que y o estaba sentada a aquella mesa. Parecía insensible a las hordas de chicas que se le acercaban después de que se extendiera la noticia de nuestra ruptura, pero tam bién estaba contento con que nuestra relación hubiera vuelto a su estado platónico, aunque todavía fuera forzada. Habíam os pasado casi un m es separados, y ahora m e sentía nerviosa e insegura cuando tenía que relacionarm e con él. Una vez que hubo acabado su alm uerzo, el corazón m e dio un vuelco cuando vi que se acercaba a m í por detrás y apoy aba las m anos sobre m is hom bros. —¿Qué tal tus clases, Shep? —preguntó él. Shepley puso cara de disgusto. —El prim er día da asco. Solo horarios y reglas. Ni siquiera sé por qué aparezco la prim era sem ana. ¿Y tú quétal? —Eh…, bueno, todo form a parte del j uego. ¿Qué hay de ti, Paloma? —m e preguntó. —Igual —dij e, procurando que m i voz sonara relaj ada. —¿Has pasado unas buenas vacaciones? —m e preguntó, balan- ceándom e j uguetón de un lado aotro. —Bastante, sí. —Hice lo posible por parecer convincente. —Genial, ahora tengo otra clase. Nos vem os luego. Observé cóm o se m archaba directam ente hacia las puertas. Las abrió de un empujónyseencendióuncigarrillomientrascaminaba. —Vay a —dij o Am erica con voz aguda. Observó a Travis ataj ar por el césped nevado, y después sacudió la cabeza. —¿Qué ocurre? —preguntó Shepley. America apoy ó el m entón sobre la palm a de la m ano, con aspecto algo desconcertado. —Eso ha sido bastante raro, ¿no? —¿Por qué? —preguntó Shepley, apartando la trenza rubia de Am