Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | страница 276

dor para barrer el cristal. Jim dio unas palm aditas a sus hij os en los hom bros y se encogió de hom bros antes de irse a su habitación a dorm ir. Travis m e puso las piernas sobre su regazo y m e quitó los zapatos, m ientras m e m asaj eaba las plantas de los pies con los pulgares. Eché la cabeza hacia atrás ysuspiré. —Este ha sido el m ej or día de Acción de Gracias desde que m am á m urió. Levanté la cara para ver su expresión. Su sonrisa estaba teñida de tristeza. —Me alegro de haber estado aquí para verlo. La cara de Travis cam bió y m e preparé para lo que estaba a punto de decir. Sentía el corazón latiéndom e contra el pecho, esperando que m e pidiera que volviéram os para poder decirle que aceptaba. Allí sentada con m i nueva fam ilia, parecía que había pasado toda una vida desde Las Vegas. —Soy diferente. No sé qué m e pasó en Las Vegas. Aquel no era y o. Pensaba en todo lo que podríam os com prar con ese dinero, y en nada m ás… No veía el daño que te hacía queriendo llevarte de vuelta allí, aunque creo que, en el fondo, lo sabía. Me m erecía que m e dej aras. Me m erecía todo el sueño que perdí y el dolor que sentí. Tuve que pasar por todo eso para darm e cuenta de lo m ucho que te necesitaba, y lo que estoy dispuesto a hacer para que sigas en m ivida. Me m ordí el labio, im paciente por llegar a la parte en la que le decía que sí.Quería que m e llevara a su apartam ento y pasar el resto de la noche celebrándolo. No podía esperar a relaj arm e en el sofá nuevo con Toto, m ientras veíamosunapelículaynosreíamoscomosolíamoshacer. —Has dicho que lo nuestro se ha acabado, y lo acepto. Soy una perso- na diferente desde que te conocí. He cam biado… para m ej or. Sin em bargo, por m ucho que lo intente, parece que no hago las cosas bien con- tigo. Prim ero fuim os am igos, y no puedo perderte, Palom a. Siem pre te querré, pero veo que no tiene m ucho sentido que intente recuperarte. No puedo im aginarm e estar con otra persona, pero seré feliz mientras sigamos siendo amigos. —¿Quieres que seam os amigos? —pregunté, notando que las pala- bras m e ardían en la boca. —Quiero que seas feliz. No me importa lo que sea necesario para ello.