Sentí un nudo en las entrañas al oír sus palabras, y m e sorprendió
el dolor abrum ador que m e em bargó. Me estaba dando una salida, y
lo hacía j ustam ente cuando y o no la quería. Podría haberle dicho que
había cam biado de opinión y él retiraría todo lo que acababa de decir,
pero sabía que no era j usto para ninguno de los dos aferrarm e a aquella
relación cuando él había aceptado sufinal.
Sonreí para m antener a ray a las lágrim as.
—Cincuenta pavos a que m e lo agradecerás cuando conozcas a
tu futura mujer.
Travis j untó las cej as y puso cara de tristeza.
—Esa apuesta es fácil. La única m uj er con la que querría casarm e
alguna vezacabaderompermeelcorazón.
No podía fingir una sonrisa después de eso. Me sequé los oj os y m e
levanté.
—Creo que es hora de que m e lleves a casa.
—Vam os, Palom a, lo siento, no ha tenido gracia.
—No es eso, Trav. Sim plem ente estoy cansada y lista para irm e a
casa.
Contuvo un suspiro y asintió m ientras se levantaba. Me despedí
de sus herm anos con un abrazo y pedí a Trenton que dij era adiós a Jim
de m i parte. Travis se quedó en la puerta con nuestras bolsas; m ien-
tras todos se ponían de acuerdo en volver a casa para Navidad, conseguí
aguantar la sonrisa hasta salir por lapuerta.
Cuando Travis m e llevó a Morgan, su cara seguía siendo de tristeza,
pero la angustia había desaparecido. Después de todo, el fin de sem ana
no era una artim aña para recuperarm e. Era unadespedida.
Se inclinó para besarm e la m ej illa y m e suj etó la puerta, m ientras
m e observaba entrar.
—Gracias por el día de hoy. No sabes lo feliz que has hecho a m i fam
ilia. Me detuve al principio de las escaleras.
—Mañana se lo contarás, ¿verdad?
Miró hacia el aparcam iento y luego a m í.
—Estoy bastante seguro de que y a lo saben. No eres la única que
sabe poner cara de póquer, Palom a.
Me quedé m irándolo perplej a y, por prim era vez desde que nos ha-
bíam os conocido, se alej ó de m í sin volverse a m irar atrás.