Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 274

m al com portam iento. Travis se puso de lado para escrutar m i cara con sus tiernos oj oscastaños. —Has dicho que solo ibas a besarm e —dij e riéndom e. Mientras y acía j unto a su piel desnuda, al ver el am or incondicional que se desprendía de sus oj os, m e olvidé de m i decepción, de m i rabia y de m i terca decisión. Lo am aba y, por m uchas razones que pudiera esgrim ir para vivir sin él, sabía que eso no era lo que quería. Aunque m is ideas no habían cam biado, nos resultaba im posible estar alej ados el uno del otro. —¿Por qué no nos quedam os en la cam a todo el día? —dij o con una sonrisa. —He venido para cocinar, ¿te acuerdas? —No, has venido aquí para ay udarm e a cocinar, y no pienso cum plir con m i obligación durante las próxim as ocho horas. Le toqué la cara; el ansia por acabar con nuestro sufrim iento se había vuelto insoportable. Cuando le dij era que había cam biado de opinión y que quería que las cosas volvieran a la norm alidad, no tendríam os que pa- sarnos el día fingiendo. En lugar de eso, podríam os pasarlocelebrándolo. —Travis, creo que… —No lo digas, ¿vale? No quiero pensar en ello hasta que no tenga m ás remedio. Se levantó, se puso los calzoncillos y fue hasta donde estaba m i bolsa. Dej ó miropasobrelacamay,después,sepusounacamisa. —Quiero que tengas un buen recuerdo de este día. Preparé huevos para desay unar y sándwiches para alm orzar; cuando el partido dio com ienzo, em pecé a organizar la cena. Travis aparecía detrás de m í siem pre que tenía la oportunidad, y m e abrazaba por la cin- tura m ientras m e besaba en el cuello. Me descubrí m irando el reloj , ansiosa por encontrar un m om ento a solas con él para explicarle m i decisión. Anhelaba ver su m irada y volver a donde estábamos. El día estuvo lleno de risas, de conversación y de una retahíla de quej as por parte de Ty ler debido a las constantes m uestras de afecto de Travis. —¡Búscate una habitación, Travis! ¡Por Dios! —gruñó Ty ler. —Vay a…, pero si tu cara está adquiriendo un feo tono verde —se burló Thomas.