Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 272

piración de Travis finalm ente se ralentizó y se volvió regular. Antes de sum irm e en un sueño profundo, parpadeé unas cuantas veces. —¡Ay ! —grité, j usto antes de apartar la m ano del fogón y chuparm e la parte quem ada autom áticam ente. —¿Estás bien, Palom a? —preguntó Travis, m ientras apoy aba los pies en el suelo y se ponía una cam iseta. —¡Mierda! ¡El suelo está j odidam ente congelado! Ahogué una risita m ientras observaba cóm o saltaba sobre un pie y el otro hasta que las plantas se le aclim ataron al frío de lasbaldosas. Cuando el sol apenas había asom ado por el horizonte, todos los Maddox m enos uno seguían durm iendo sonoram ente en sus cam as. Em puj é la antigua fuente m etálica m ás adentro en el horno y cerré la puerta, j usto antes de volvermeparaenfriarmelosdedosdebajodelgrifo. —Puedes volver a la cam a. Acabo de m eter el pavo. —¿Vienes conm igo? —m e preguntó él, m ientras se rodeaba con los brazos para resguardarse del aire frío. —Sí. —Tú prim ero —dij o él, m oviendo la m ano hacia las escaleras. Travis se quitó la cam iseta m ientras am bos m etíam os las piernas baj o las sábanas y nos cubríam os con la m anta hasta el cuello. Me es- trechó fuertem ente entre sus brazos m ientras tem blábam os, a la espera de que el calor de nuestros cuerpos calentara el pequeño espacio que quedaba entre nuestra piel y las sábanas. Sentí sus labios contra m i pelo, y su garganta se m ovió al hablar. —Mira, Palom a, está nevando. Me volví hacia la ventana. Los copos blancos solo se veían a la luz de la farola. —Parece Navidad —dij e, cuando por fin notaba que m i piel se ca- lentaba juntoalasuya.Suspiróymevolvíparamirarloalacara—.¿Quépasa? —No estarás aquí en Navidad. —Estoy aquí ahora. Abrió la boca por un lado y se agachó para besarm e los labios. Me aparté y sacudí la cabeza. —Trav… Me abrazó con m ás fuerza y baj ó la barbilla, con una m irada de determinaciónensusojosavellana.