Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 270

a Travis soltar un suspiro de pena. —Esta es nuestra últim a noche j untos, ¿no? No respondí de inm ediato; intenté pensar cuál sería la respuesta m ás adecuada. —No quiero pelear, Trav. Intenta dorm irte. Cuando le oí m overse, m e puse de lado para m irarlo y apreté la m ej illa sobre la alm ohada. Él apoy ó la cabeza en la m ano y m e m iró fij am ente a los oj os. —Te am o. Lo observé un m om ento antes de decir: —Me lo prom etiste. —Te dij e que esto no era ninguna artim aña para volver j untos. Y no lo era. — Alargó el brazo para cogerm e de la m ano—. Pero no te puedo prom eter que no aproveche todas m is opciones de volver contigo. —Me im portas. No quiero que sufras, pero debería haber seguido m i prim er instinto. Lo nuestro nunca podría haber funcionado. —Pero m e querías, ¿verdad? Apreté los labios. —Todavía te quiero. Le brillaron los oj os y m e apretó la m ano. —¿Puedo pedirte un favor? —Todavía estoy con el últim o que m e pediste —dij e con una son- risita burlona. Sus rasgos no se alteraron, se m ostró im perturbable ante m is palabras. —Si aquí se acaba todo…, si realm ente has term inado conm igo…, ¿m e dej arías pasar esta nocheabrazándote? —No creo que sea una buena idea, Trav. Me agarró con fuerza la m ano. —Por favor. No puedo dorm ir sabiendo que estás a escasos centím etros; nunca volveré a tener estaoportunidad. Me quedé m irando fij am ente su m irada de desesperación y, enton- ces, fruncí el ceño. —No voy a hacer el am or contigo. Sacudió la cabeza. —No es eso lo que te pido. Escruté la tenuem ente ilum inada habitación, m ientras sopesaba las posibles consecuencias, preguntándom e si tendría voluntad para detener