a Travis soltar un suspiro de pena.
—Esta es nuestra últim a noche j untos, ¿no?
No respondí de inm ediato; intenté pensar cuál sería la respuesta m
ás adecuada.
—No quiero pelear, Trav. Intenta dorm irte.
Cuando le oí m overse, m e puse de lado para m irarlo y apreté la m
ej illa sobre la alm ohada. Él apoy ó la cabeza en la m ano y m e m iró fij
am ente a los oj os.
—Te am o.
Lo observé un m om ento antes de decir:
—Me lo prom etiste.
—Te dij e que esto no era ninguna artim aña para volver j untos. Y no
lo era. — Alargó el brazo para cogerm e de la m ano—. Pero no te puedo
prom eter que no aproveche todas m is opciones de volver contigo.
—Me im portas. No quiero que sufras, pero debería haber seguido m
i prim er instinto. Lo nuestro nunca podría haber funcionado.
—Pero m e querías, ¿verdad? Apreté los labios.
—Todavía te quiero.
Le brillaron los oj os y m e apretó la m ano.
—¿Puedo pedirte un favor?
—Todavía estoy con el últim o que m e pediste —dij e con una son-
risita burlona.
Sus rasgos no se alteraron, se m ostró im perturbable ante m is
palabras.
—Si aquí se acaba todo…, si realm ente has term inado conm
igo…, ¿m e dej arías pasar esta nocheabrazándote?
—No creo que sea una buena idea, Trav. Me agarró con fuerza la m
ano.
—Por favor. No puedo dorm ir sabiendo que estás a escasos centím
etros; nunca volveré a tener estaoportunidad.
Me quedé m irando fij am ente su m irada de desesperación y, enton-
ces, fruncí el ceño.
—No voy a hacer el am or contigo. Sacudió la cabeza.
—No es eso lo que te pido.
Escruté la tenuem ente ilum inada habitación, m ientras sopesaba las
posibles consecuencias, preguntándom e si tendría voluntad para detener