Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 269

com ida — dij e, m ientras apoy aba la cabeza en el hom bro de Travis. Baj ó la m irada a nuestras m anos y m e las estrechó m ientras levan- taba un poco las cej as. Solté un suspiro. —Me voy directa a la cam a, cariño. —Miré a los dem ás—. Buenas noches, chicos. —Buenas noches, tesoro —dij o Jim . Los herm anos de Travis m e dieron las buenas noches y subí las escaleras. —Yo tam bién m e voy a acostar —oí decir a Travis. —Claro, cóm o no —espetó burlón Trenton. —Cabrón con suerte —m asculló Ty ler. —Oy e, no voy a perm itir que nadie hable así de tu herm ana —les avisó Jim . Se m e cay ó el alm a a los pies. La única fam ilia real que había tenido en años eran los padres de Am erica, y, aunque Mark y Pam siem pre habían velado por m í con auténtica bondad, en cierto m odo eran pres- tados. Los seis hom bres rebeldes, m alhablados y adorables de la planta baj a m e habían recibido con los brazos abiertos y, al día siguiente, tendría que despedirm e de ellos definitivamente. Travis suj etó la puerta del dorm itorio antes de que se cerrara y des- pués se quedó petrificado. —¿Quieres que espere en el pasillo m ientras te vistes para dorm ir? —Me voy a dar una ducha. Así que m e vestiré en el baño. Se rascó la nuca. —Vale, pues aprovecharé para prepararm e la cam a. Asentí de cam ino al baño. Me froté con fuerza en la ducha destartala- da, centrándom e en las m anchas de agua y j abón para luchar contra el m iedo abrum ador que m e inspiraba tanto esa noche com o la m añana- siguiente. Cuando regresé al dorm itorio, Travis tiró una alm ohada al suelo sobre su cam a im provisada. Me dedicó una tenue sonrisa antes de dej arm e para m eterse en la ducha. Me acom odé en la cam a y m e tapé con las sábanas hasta el pecho, m ientras intentaba ignorar las m antas del suelo. Cuando Travis regresó, se quedó m irando su cam a en el suelo con la m ism a tristeza que y o; después, apagó la luz y se acomodósobresualmohada. Nos quedam os en silencio durante unos pocos m inutos hasta que oí