com ida — dij e, m ientras apoy aba la cabeza en el hom bro de Travis.
Baj ó la m irada a nuestras m anos y m e las estrechó m ientras levan-
taba un poco las cej as. Solté un suspiro.
—Me voy directa a la cam a, cariño. —Miré a los dem ás—. Buenas
noches, chicos.
—Buenas noches, tesoro —dij o Jim .
Los herm anos de Travis m e dieron las buenas noches y subí las
escaleras.
—Yo tam bién m e voy a acostar —oí decir a Travis.
—Claro, cóm o no —espetó burlón Trenton.
—Cabrón con suerte —m asculló Ty ler.
—Oy e, no voy a perm itir que nadie hable así de tu herm ana —les
avisó Jim .
Se m e cay ó el alm a a los pies. La única fam ilia real que había tenido
en años eran los padres de Am erica, y, aunque Mark y Pam siem pre
habían velado por m í con auténtica bondad, en cierto m odo eran pres-
tados. Los seis hom bres rebeldes, m alhablados y adorables de la planta
baj a m e habían recibido con los brazos abiertos y, al día siguiente,
tendría que despedirm e de ellos definitivamente.
Travis suj etó la puerta del dorm itorio antes de que se cerrara y des-
pués se quedó petrificado.
—¿Quieres que espere en el pasillo m ientras te vistes para dorm ir?
—Me voy a dar una ducha. Así que m e vestiré en el baño. Se rascó
la nuca.
—Vale, pues aprovecharé para prepararm e la cam a.
Asentí de cam ino al baño. Me froté con fuerza en la ducha destartala-
da, centrándom e en las m anchas de agua y j abón para luchar contra el
m iedo abrum ador que m e inspiraba tanto esa noche com o la m añana-
siguiente. Cuando regresé al dorm itorio, Travis tiró una alm ohada
al suelo sobre su cam a im provisada. Me dedicó una tenue sonrisa
antes de dej arm e para m eterse en la ducha.
Me acom odé en la cam a y m e tapé con las sábanas hasta el pecho,
m ientras intentaba ignorar las m antas del suelo. Cuando Travis regresó,
se quedó m irando su cam a en el suelo con la m ism a tristeza que y o;
después, apagó la luz y se acomodósobresualmohada.
Nos quedam os en silencio durante unos pocos m inutos hasta que oí