esperanzada.
—Está bien.
Me llevó de la m ano hasta el sofá, y nos sentam os j untos cuando em
pezaban los títulos de crédito.
—¿Puedes apagar esa luz, Tay lor? —pidió Jim .
Travis extendió su brazo por detrás de m í, dej ándolo sobre el respal-
do del sofá. Intentaba m antener la ficción, m ientras m e tranquilizaba.
Había sido m uy cuidadoso para no aprovecharse de la situación, pero
albergaba un conflicto en m i interior: m e sentí agradecida y decep-
cionada a la vez. Estaba sentada m uy cerca de él, y olía la m ezcla de
tabaco y de su colonia. Me resultaba m uy difícil m antener la distancia,
tanto física com o em ocionalm ente. Justo com o había tem ido, m i
resolución estaba desapareciendo. Me afané por olvidarm e de todo lo
que había dicho Jim en la cocina.
A m itad de la película, la puerta principal se abrió de par en par y
Thom as apareció con las bolsas en la m ano.
—¡Feliz Acción de Gracias! —dij o él, m ientras dej aba su equipaj
e en el suelo.
Jim se levantó y abrazó a su hij o m ay or, y todo el m undo excepto
Travis se levantó para saludarlo.
—¿No vas a saludar a Thom as? —susurré y o.
Me respondió sin m irarm e, m ientras observaba a su fam ilia abra-
zarse y reír.
—Tengo una noche contigo. No pienso desperdiciar ni un solo
segundo.
—Hola, Abby. Me alegro de volver a verte —dij o Thom as sonriendo.
Travis m e puso la m ano en la rodilla y y o baj é la m irada hacia m i
pierna, para después volverm e hacia Travis. Cuando se dio cuenta de la
expresión de m i cara, Travis retiró la m ano de la pierna y cruzó las m
anos sobre el regazo.
—Vay a, vay a, ¿problem as en el paraíso? —preguntó Thom as.
—Cállate, Tom m y —gruñó Travis.
El hum or de la habitación cam bió y sentí que todas las m iradas re-
caían sobre m í, a la espera de una explicación. Sonreí nerviosa y cogí la
m ano de Travis entre las mías.
—Solo estam os cansados. Llevam os toda la tarde trabaj ando en la