Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 267
—Travis y tú no habéis hablado m ucho. ¿Tenéis problem as?
Eché el j abón en el fregadero lleno de agua caliente, m ientras inten-
taba pensar en algo que decir que no fuera una m entiradescarada.
—Supongo que las cosas han cam biado un poco.
—Es lo que im aginaba. Tienes que ser paciente con él. Travis no
recuerda m ucho del asunto, pero estaba m uy unido a su m adre, y des-
pués de perderla no volvió a ser el m ism o j am ás. Pensaba que lo supe-
raría… Ya sabes, porque pasó cuando era m uy pequeño. Fue duro para
todos, pero Trav… no volvió a intentar querer a nadie después de eso.
Me sorprendió que te traj era aquí. Por la form a en la que actúa cuando
tú estás presente, por la form a enque te m ira…, supe que eras especial.
Sonreí, pero no aparté la m irada de los platos que estaba frotando.
—Travis va a pasarlo m al. Com eterá m uchos errores. Creció rodea-
do de un m ontón de críos sin m adre y con un viej o gruñón y solitario
com o padre. Todos estuvim os un poco perdidos después de que Diane
m uriera, y supongo que y o no ay udé a los chicos a asum ir la pérdida
tal y com o debería haber hecho. Sé que es difícil no culparlo, pero tienes
que quererlo de todos m odos, Abby. Eres la única m uj er a la que ha
querido, aparte de a su m adre. No sé cóm o se quedará si tú tam bién lo
dej as. —Me tragué las lágrim as y asentí, incapaz de replicar. Jim apoy
ó la m ano en m i hom bro y m e lo estrechó—. Nunca lo he visto sonreír
com o cuando está contigo. Espero que todos m is chicos consigan a una
Abby algúndía.
Sus pisadas se apagaron por el pasillo y m e agarré al bor-
de del fregadero, m ientras intentaba recuperar el aliento. Sabía que
pasar las vacaciones con Travis y su fam ilia sería difícil, pero no
pensaba que se m e volvería a partir el corazón. Los chicos brom ea-
ban y se reían en la habitación de al lado, m ientras y o lavaba y
secaba los platos, antes de guardarlos. Lim pié la cocina, y después
melavélasmanosymedirigíalasescalerasparaacostarme.
Travis m e cogió la m ano.
—Es tem prano, Palom a. No te irás y a a la cam a, ¿no?
—Ha sido un día largo. Estoy cansada.
—Nos estábam os preparando para ver una peli. ¿Por qué no baj as y
te quedas connosotros?
Alcé la m irada hacia las escaleras y, después, contem plé su sonrisa