Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 264

peli o… —¡No voy a quedarme en casa de tu padre! La tristeza se hizo evi- dente en su rostro. —Vale…, supongo que…, que nos verem os por la m añana. Dio un paso atrás y cerré la puerta, apoy ándom e en ella. Todas las em ociones contenidas hervían en m i interior, y solté un suspiro de exasperación. Con la cara de decepción de Travis todavía fresca, abrí la puerta, salí y descubrí que iba andando lentam ente por el pasillo m ien- tras m arcaba un núm ero en su teléfono. —Travis, espera. —Se dio m edia vuelta y la m irada de esperanza de sus oj os m e hizo sentir un pinchazo de dolor en el pecho—. Dam e un m inuto para recoger unas cuantas cosas. Una sonrisa de alivio y agradecim iento se extendió en su cara y m e siguió hasta m i habitación; desde el um bral m e observó guardar unas cuantas cosas en una bolsa. —Te sigo queriendo, Palom a. No levanté la m irada. —No sigas. No hago esto por ti. Contuvo un suspiro. —Lo sé. El viaj e hasta casa de su padre transcurrió en silencio. Sentía el co- che cargado de nervios, y m e resultaba difícil sentarm e sin m overm e sobre los fríos asientos de cuero. Cuando llegam os, Trenton y Jim sa- lieron al porche con una gran sonrisa. Travis sacó nuestro equipaj e del coche y Jim le dio unas palm aditas en laespalda. —Me alegro de verte, hij o. Su sonrisa se ensanchó cuando m e m iró. —Abby Abernathy, esperam os im pacientes la cena de m añana. Ha pasado muchotiempodesdeque…,bueno,hapasadomuchotiempo. Asentí y seguí a Travis al interior de la casa. Jim se puso las m anos sobre su prom inente barriga y se rio. —Os he puesto en la habitación de invitados, Trav. Supongo que no te apetecerá dem asiado pelearte con los gem elos en tu habitación. Miré a Travis. Era doloroso ver sus dificultades para expresarse. —Abby …, bueno…, se…, se quedará en la habitación de invitados, y y o m e iré a la m ía. Trenton puso una cara rara. —¿Por qué? ¿No ha estado quedándose en tu apartam ento?