Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 265

—Últim am ente no —precisó, en un intento desesperado por evitar decir la verdad. Jim y Trenton intercam biaron una m irada. —Llevam os años usando la habitación de Thom as com o trastero, así que iba a dej arlo quedarse con tu habitación, pero supongo que puede dorm ir en elsofá —dij o Jim , echando un vistazo a los coj ines desgastados y desco- loridos del salón. —No te preocupes, Jim . Solo intentábam os ser respetuosos —le dij e, acariciándole el brazo. Sus carcaj adas resonaron por toda la casa, y m e dio unas palm aditas en la mano. —Ya has conocido a m is hij os, Abby. Deberías saber que es casi im posible ofenderm e. Travis señaló las escaleras con la cabeza y lo seguí. Abrió una puerta y dej ó nuestras bolsas en el suelo, m ientras m iraba la cam a y luego a m í. La habitación estaba forrada con paneles m arrones, y la m oqueta m arrón estaba m ás desgastada de lo aconsej able. Las paredes eran de un blanco sucio, y había algunos desconchones. Solo vi un cuadro en la pared: era una foto enm arcada de Jim y la m adre de Travis. El fondo era del color azul habitual en los retratos de estudio; los dos llevaban el pelo cortado a capas, eran j óvenes y sonreían a la cám ara. Debían de habérsela hecho antes de que nacieran sus hij os, porque ninguno de los dos parecía tener m ás de veinteaños. —Lo siento, Palom a. Dorm iré en el suelo. —Eso por descontado —dij e, m ientras m e recogía el pelo en una cola de caballo—. No puedo creer que m e convencieras para hacer esto. Se sentó en la cam a y se frotó la cara frustrado. —Joder… Esto va a ser un lío. No sé en qué pensaba. —Sé exactam ente en qué estabas pensando. No soy ninguna estúpi- da, Travis. Me m iró y sonrió. —Y aun así has venido. —Tengo que dej arlo todo preparado para m añana —dij e, m ientras abría la puerta. Travis se levantó.