intentar evitar otra escena.
—¿Qué tipo de favor? —pregunté, suspicaz.
—Bueno, verás… —Cam bió el peso de su cuerpo de un pie a otro—.
Mi padre y los chicos siguen esperándote el jueves.
—¡Travis!
Baj ó la m irada a los pies.
—Dij iste que vendrías.
—Lo sé, pero… ahora es un poco inapropiado, ¿no te parece? Él no
pareció inm utarse.
—Pero dij iste que vendrías.
—Aún estábam os j untos cuando acepté ir a tu casa. Sabías m uy bien
que los planes se habían cancelado.
—No, no lo sabía, y y a es dem asiado tarde de todos m odos. Thom
as va a coger un avión hacia aquí y Ty ler ha pedido el día libre en el
trabaj o. Todo el mundotienemuchasganasdeverte.
Me encogí, m ientras retorcía los m echones húm edos de m i pelo
alrededor del dedo.
—Iban a venir de todos m odos, ¿no?
—No todo el m undo. No hem os pasado el día de Acción de Gracias
todos j untos desde hace años. Han hecho un esfuerzo para venir porque
les prom etí una com ida de verdad. Ninguna m uj er ha entrado en la
cocina desde que m am á murióy…
—Vay a, eso suena bastante m achista. Negó con la cabeza.
—Vam os, Palom a, y a sabes a qué m e refiero. Todos querem os que
vengas.
Es lo único que intento decirte.
—No les has contado lo nuestro, ¿verdad?
Pronuncié esas palabras en el tono m ás acusador que pude. Él se
agitó nervioso un m om ento y después sacudióla cabeza.
—Papá m e preguntaría el m otivo y no estoy preparado para expli-
cárselo. No dej ará de repetirm e lo estúpido que soy. Venga, Palom a.
—Tengo que m eter el pavo en el horno a las seis de la m añana.
Tenem os que irnos de aquí a las cinco…
—O podríam os quedarnos allí a dorm ir. Levanté am bas cej as.
—¡Ni en sueños! Ya es bastante malo que tenga que mentir a tu fami-
lia y fingir que seguimos juntos.