Capítulo 17
Nada que agradecer
Me entretenía dibuj ando en m i cuaderno cuadrados dentro de
cuadrados y uniéndolos entre sí para form ar rudim entarios cu-
bos en tres dim ensiones. Diez m inutos antes de que la clase em
pezara, el aula todavía estaba vacía. La vida em pezaba a vol-
ver a ser norm al, pero todavía necesitaba unos m inutos para
mentalizarmeantesdeestarconalguienquenofueraFinchoAmerica.
—Aunque y a no salgam os, puedes seguir llevando la pulsera que te
com pré
—dij o Parker m ientras se sentaba a la m esa al lado de la m ía.
—Pensaba preguntarte si querías que te la devolviera.
Sonrió y se acercó para añadir un lazo encim a de una de las caj as
dibuj adas en el papel.
—Fue un regalo, Abs. No hago regalos con condiciones.
La doctora Ballard encendió el retroproy ector m ientras ocupaba el
asiento en la cabecera de la clase y se puso a rebuscar entre los papeles de
su m esa abarrotada de cosas. De repente, el aula se inundó de la chácha-
ra de los alum nos, que resonaba contra las grandes ventanas, salpicadas
por lalluvia.
—He oído que Travis y tú rom pisteis hace un par de sem anas. —
Parker levantó una m ano al ver m i expresión de im paciencia—. Sé
que no es asunto m ío, pero parecías tan triste que quería decirte que lo
siento.
—Gracias —m urm uré, m ientras abría m i cuaderno por una página
en blanco.
—Y tam bién quería disculparm e por m i com portam iento anterior.
Lo que dij e fue… m aleducado. Pero estaba enfadado y lo pagué conti-
go. No fue j usto, y losiento.
—No estoy interesada en salir contigo, Parker —le avisé. Él se rio.
—No intento aprovecharm e de la situación. Seguim os siendo am
igos y quiero asegurarm e de que estás bien.