hasta llegar a los baños. Ya era suficientem ente m alo que todo el m undo
hubiera visto la escena entre Travis y y o. No podía perm itir que m e
vieranllorar.
Me quedé encogida en uno de los lavabos, sollozando de m odo in-
controlable hasta que oí unos ligeros golpes en la puerta.
—¿Abby ?
Me sorbí las lágrim as.
—¿Qué haces aquí, Finch? Estás en el baño de chicas.
—Kara te vio entrar y vino a buscarm e a m i habitación. Déj am e
entrar — dijoconvozsuave.
Sacudí la cabeza. Sabía que no podía verm e así, pero no podía decir
otra palabra. Le oí suspirar y, después, el golpeteo de sus m anos
sobre el suelo, m ientras se arrastraba por debaj o de lapuerta.
—No puedo creer que m e obligues a hacer esto —dij o él, im pulsán-
dose con las m anos—. Te arrepentirás de no haber abierto la puerta por-
que acabo de reptar por un suelo cubierto de pis y te voy a dar un abrazo.
Solté una carcaj ada y entonces m i cara se com prim ió en una
sonrisa, m ientras Finch m e estrechaba entre sus brazos. Saqué las
rodillas de debaj o de mí. Finch, con cuidado, mebajó alsuelo ehizoque-
meapoyaraensu regazo.
—Ssshh —dij o él, m eciéndom e en sus brazos. Suspiró y sacudió la
cabeza—.
Maldita sea, chica. ¿Qué vam os a hacer contigo?