Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 255

—Puedo recogerte y llevarte a algún sitio para cenar —dij o Am erica. Pasé las páginas de m i libro de historia, saltándom e aquellas en cuy os márgenesTravishabíagarabateadonotasdeamor. —No, es tu prim era noche con Shep en casi una sem ana, Mare. Sim plem ente, m e pasaré un m om ento por la cafetería. —¿Estás segura? —Sí, saluda a Shep de m i parte. Cam iné lentam ente hacia la cafetería, sin prisa por sufrir las m ira- das de quienes ocupaban las m esas. Todo el cam pus hervía con la ruptura, y el comportamientovolátildeTravisnoayudaba. Justo cuando aparecieron ante m í las luces de la cafetería, vi que se acercaba una figura oscura. —¿Palom a? Me sobresalté y m e detuve en seco. Travis salió a la luz, sin afeitar y pálido. —¡Cielo santo, Travis! ¡Me has dado un susto de m uerte! —Si contestaras al teléfono cuando te llam o, no tendría que acechar en la oscuridad. —Tienes un aspecto infernal —dij e. —He baj ado por allí una o dos veces esta sem ana. Apreté los brazos a m i alrededor. —Lo cierto es que iba a buscar algo de com er. Te llam o luego, ¿vale? —No. Tenem os que hablar. —Trav… —He rechazado la oferta de Benny. Lo llam é el m iércoles y le dij e que no. Había un destello de esperanza en sus oj os, pero desapareció al ver m i expresión. —No sé qué quieres que diga, Travis. —Dim e que m e perdonas. Dim e que volverás a salir conm igo. Apreté los dientes y m e prohibí llorar. —No puedo. La cara de Travis se arrugó en una m ueca. Aproveché la oportunidad para rodearlo, pero él dio un paso a un lado para interponerse en m i cam ino. —No he dorm ido, ni com ido…, no puedo concentrarm e. Sé que me