Lo com probé dos veces m ás durante la noche y finalm ente m
e quedé dorm ida alrededor de las cuatro. Dorm í m ás de la cuenta a
propósito, pues había planeado saltarm e las clases ese día. Encendí
m i teléfono para revisar m is m ensaj es y vi que Travis m e había
inundado la bandej a de entrada. Los inacabables m ensaj es de texto que
m e había enviado durante la noche variaban desde las disculpas a los
ataques deira.
Llam é a Am erica por la tarde, con la esperanza de que Travis no le
hubiera confiscado el m óvil. Cuando respondió, suspiré de alivio.
—Hola.
Am erica hablaba en voz baj a.
—No le he dicho a Shepley dónde estás. No quiero involucrarlo en
todo esto. Ahora m ism o, Travis está m uy cabreado conm igo. Probablem
ente m e quedaré en Morgan esta noche.
—Si Travis no se ha calm ado…, necesitarás m ucha suerte para pegar
oj o aquí. Ay er por la noche, en el pasillo, m ontó una escena digna de un
Oscar. Me sorprende que no llam ara nadie a lapolicía.
—Hoy lo han echado de clase de Historia. Cuando no apare-
ciste, tiró de una patada vuestras m esas. Shep ha oído que te es-
peró al final de todas tus clases. Está perdiendo la cabeza, Abby.
Le dij e que lo vuestro se había acabado en el m ism o m om
ento en que tom ó la decisión de trabaj ar para Benny. No entiendo
cómopudopensarniporunmomentoquetepareceríabien.
—Supongo que nos verem os cuando llegues aquí. No creo que pueda
volver a m i habitación todavía.
Am erica y y o fuim os com pañeras de habitación durante toda la
sem ana siguiente, y se aseguró de m antener a Shepley alej ado para que
no tuviera la tentación de avisar a Travis de m is m ovim ientos. Evitar
encontrarm e con él era un trabaj o a tiem po com pleto. Evité la cafetería
a toda costa, la clase de Historia y tom é la precaución de salir de clase
antes. Sabía que tendría que hablar con Travis en algún m om ento, pero
no podía hacerlo hasta que se hubiera calm ado lo suficiente para aceptar
m idecisión.
El viernes por la noche, m e quedé a solas, tum bada en la cam a y
con el teléfono pegado a la orej a. Puse los oj os en blanco cuando m
e gruñó el estómago.