Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 251

—¿Palom a? —Me llevo m is cosas a Morgan. Allí hay m uchas lavadoras y seca- doras, y tengo una cantidad escandalosa de ropa para lavar. Frunció el ceño. —¿Te ibas sin decírm elo? Miré a Am erica y después a Travis, m ientras buscaba la m entira m ás creíble. —Iba a volver, Trav. Estás hecho un puñetero paranoico —dij o Am erica con la sonrisa desdeñosa que había usado para engañar a sus padres m uchasveces. —Oh —dij o él, todavía inseguro—. ¿Te quedas aquí esta noche? —m e preguntó, pellizcándom e la tela del abrigo. —No lo sé. Supongo que depende de cuándo acabe de hacer la cola- da. Travis sonrió y m e acercó a él. —Dentro de tres sem anas, pagaré a alguien para que te haga la cola- da. O puedes tirar la ropa sucia y com prarte nueva. —¿Vas a volver a luchar para Benny otra vez? —preguntó Am erica, sin salir de su asombro. —Me ha hecho una oferta que no podía rechazar. —Travis —em pezó a decir Shepley. —Chicos, no m e deis el coñazo. Si Palom a no m e ha hecho cam biar de opinión, vosotros no lo conseguiréis. Am erica m e m iró a los oj os y com prendió lo que pasaba. —Bueno, será m ej or que te llevem os, Abby. Vas a tardar un m ontón en lavar esa pila de ropa. Asentí y Travis se inclinó para besarm e. Lo acerqué m ás, sabiendo que esa sería la últim a vez que sintiera sus labios contra los m íos. —Nos vem os después —dij o él—. Te quiero. Shepley m etió m i m aleta en el Honda, y Am erica se sentó al vo- lante, a m i lado. Travis cruzó los brazos sobre el pecho, charlando con Shepley m ientras Americaencendíaelmotor. —No puedes quedarte en tu habitación esta noche, Abby. Irá a bus- carte allí directam ente en cuanto averigüe lo que ocurre —dij o Am erica m ientras salía marchaatráslentamentedelaparcamiento. Los oj os se m e llenaron de lágrim as que rodaron por m is m ej illas. —Lo sé.