Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Página 250

lo. Sería una locura decir que no. Tuve que sentarm e un m om ento, estupefacta. Cuando conseguí asim ilarlo, asentí. —Está bien. Has tom ado tu decisión. La cara de Travis se ilum inó. —Ya verás, Palom a. Será genial. —Saltó de la cam a, vino hasta m í y m e besó en los dedos—. Me m uero de ham bre,¿y tú? Dij e que no con la cabeza y m e besó en la frente antes de dirigirse a la cocina. Una vez que sus pasos se alej aron del pasillo, cogí m i ropa de las perchas, dando gracias por tener sitio en m i m aleta para la m ay oría de m is pertenencias. Lágrim as de rabia m e resbalaban por las m ej illas. Nunca debería haber llevado a Travis a ese lugar. Había luchado con uñas y dientes por m antenerlo alej ado de los aspectos oscuros de m i vida y, en cuanto la oportunidad se había presentado, lo había arrastrado hasta el centro m ism o de todo lo que odiaba sin pensárm elo dosveces. Travis iba a ser parte de aquello y, si no m e dej aba salvarlo, tendría que salvarm e a m í m ism a. Llené la m aleta hasta el lím ite y cerré la crem allera m etiendo las cosas que sobresalían. La baj é de la cam a y la arrastré por el pasillo, sin m irarlo cuando pasé por la cocina. Me apresuré a baj ar las escale- ras, aliviada al com probar que Am erica y Shepley seguían besándose y riéndose en el aparcam iento, m ientras pasaban el equipaj e de ella del Charger alHonda. —¿Palom a? —m e llam ó Travis desde el um bral del apartam ento. Toqué a Am erica en la m uñeca. —Necesito que m e lleves a Morgan, Mare. —¿Qué ocurre? —dij o ella, al darse cuenta de la gravedad de la si- tuación por m i expresión. Miré detrás de m í y vi a Travis baj ando corriendo las escaleras y cruzando el césped hasta donde estábam os nosotras. —¿Qué estás haciendo? —dij o él, señalando m i m aleta. Si se lo hubiera dicho en ese m om ento, habría perdido toda m i espe- ranza de separarm e de Mick, de Las Vegas, de Benny y de todo lo que no quería en m i vida. Travis no m e dej aría ir y por la m añana m e habría convencido de aceptar sudecisión. Me rasqué la cabeza y sonreí, intentando conseguir algo de tiem po para pensar en unaexcusa.