Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 249
Travis soltó nuestras m aletas sobre la cam a y y o m e dej é caer j
unto a ellas. No había sacado el tem a de Benny, y esperaba que su
sangre em pezara a lim piarse de Las Vegas. Tuve que bañar a Toto,
porque apestaba a hum o y calcetines sucios después de pasarse todo el
fin de sem ana en el apartam ento de Brazil, y lo sequé con la toalla en
el dormitorio.
—¡Vay a! ¡Ahora hueles m ucho m ej or! —dij e entre risas m ientras
él se sacudía, rociándom e con gotitas de agua.
Se levantó sobre las patas traseras y m e cubrió la cara de besitos de
cachorro.
—Yo tam bién te he echado de m enos, pequeñín.
—¿Palom a? —preguntó Travis, entrelazando los dedos nervioso.
—¿Sí? —dij e, m ientras seguía frotando a Toto con la suave toalla
am arilla.
—Quiero hacerlo. Quiero pelear en Las Vegas.
—No —dij e, sonriendo ante la cara feliz de Toto. Él suspiró.
—No m e estás escuchando. Voy a hacerlo. Dentro de unos m eses
verás que
era la decisión correcta.
Levanté la m irada hacia él.
—Vas a trabaj ar para Benny. Asintió nervioso y, entonces, sonrió.
—Solo quiero cuidarte, Palom a.
Mis oj os se inundaron de lágrim as al saber que estaba decidido.
—No quiero nada que hay as com prado con ese dinero, Travis. Ni
quiero tener nada que ver ni con Benny ni con Las Vegas, ni con ninguna
otra cosa relacionada conellos.
—Pues la idea de com prar un coche con el dinero ganado con m is
peleas aquí no te planteaba ningún problema.
—Eso es diferente y lo sabes. Frunció el ceño.
—Todo irá bien, Palom a. Ya lo verás.
Por un m om ento, m e quedé esperando reconocer algún destello de
burla en sus oj os, esperando que m e dij era que brom eaba. Sin em bar-
go, lo único que veía era inseguridad y codicia.
—¿Por qué te has m olestado en preguntárm elo, Travis? Ibas a trabaj
ar para Benny dij era y o lo que dij era.
—Quiero tu apoy o en esto, pero es dem asiado dinero para rechazar-