Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Página 247

puedo creerm e que tan siquiera lo estés considerando! ¿De verdad que vas a sopesar trabaj ar para un hom bre que nos habría pegado una trem enda paliza a los dos ay er por la noche si no se lo hubieras impedido? —Exactam ente, se lo im pedí. —Trataste con dos de sus pesos ligeros, Travis. ¿Qué vas a hacer si aparece con una docena? ¿Qué harás si viene a por m í, después de algu- na de tuspeleas? —No tendría ningún sentido que hiciera eso. Le haré ganar m ontones de dinero. —En el m om ento en que decidas que no vas a hacerlo nunca m ás, serás prescindible. Así trabaj a esta gente. Travis se alej ó de m í para m irar por la ventana; las luces que parpa- deaban daban color a sus rasgos en conflicto. Había tom ado su decisión incluso antes de ir a contármela. —Todo irá bien, Palom a. Me aseguraré de que así sea. Y, entonces, podrem os asentarnos. Sacudí la cabeza y m e di la vuelta para seguir m etiendo nuestra ropa en las m aletas. Cuando aterrizáram os en la pista, en casa, volvería a ser él m ism o de nuevo. Las Vegas hacía que la gente se com portara de form a extraña, y no podía razonar con él m ientras estuviera em briagado por el fluj o de dinero ywhisky. Me negué a seguir discutiéndolo hasta que llegam os al avión, tem erosa de que Travis m e dej ara irm e sin él. Me abroché el cinturón del asiento y apreté los dientes al ver cóm o m iraba m elancólico por la ventana m ientras ascendíam os por el cielo nocturno. Ya añoraba la perversión y las tentaciones sin límites que una ciudad com o Las Vegas ofrecía. —Es m ucho dinero, Palom a. —No. Sacudió la cabeza hacia m í. —Es m i decisión. Me parece que no estás considerando todos los aspectos. —Pues a m í m e parece que tú has perdido la cabeza. —¿Ni siquiera piensas considerarlo? —No, y tam poco tú. No vas a trabaj ar para un crim inal asesino en Las Vegas, Travis. Es com pletam ente ridículo que pensaras que