Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 245

—Me im porta una m ierda. —Se rio—. Estoy de celebración. Lo aparté de un em puj ón. —Podem os celebrarlo en la habitación —dij e, m ientras m e secaba la boca y m e m iraba la m ano, donde descubrí vetas de color carm esí. —¿Qué problem a tienes, Palom a? Tú has ganado, y o he ganado, hem os pagado la deuda de Mick y acaban de hacerm e la oferta de m i vida. El ascensor se abrió y y o m e quedé en el sitio m ientras Travis salía al pasillo. —¿Qué tipo de oferta? —pregunté. Travis m e tendió la m ano, pero y o la ignoré. Fruncí los oj os, sabien- do de antem ano lo que m e iba a decir. Suspiró. —Ya te lo he dicho, lo discutirem os después. —Hablém oslo ahora. Se inclinó hacia delante, m e cogió por la m uñeca para sacarm e al pasillo y me levantó del suelo en sus brazos. —Voy a conseguir dinero suficiente para devolverte lo que Mick te quitó, para pagar el resto de tu educación, m i m oto y para com prarte un coche nuevo —dij o él, m etiendo y sacando la tarj eta en la ranura de la puerta. Abrió la puerta y m e dej ó en el suelo. —¡Y eso es solo el principio! —¿Y cóm o piensas hacerlo exactam ente? Sentía una opresión en el pecho y em pezaron a tem blarm e las m anos. Me cogió la cara entre las m anos, fuera de sí. —Benny va a dej ar que pelee aquí, en Las Vegas. Un m illón por cada pelea, Palom a. ¡Un m illón por cada pelea! Cerré los oj os y sacudí la cabeza, tratando de abstraerm e de la em oción de su m irada. —¿Qué le has dicho a Benny ? —Travis m e levantó la barbilla y abrí los oj os, tem iendo que y a hubiera firm ado un contrato. Se rio. —Le he dicho que m e lo pensaría. Pude volver a respirar. —Oh, gracias a Dios. No vuelvas a darm e un susto así, Trav. Pensaba que lo decías en serio.