Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 243

conm igo. Lentam ente, dij e que no con la cabeza, vacilante, porque sabía que iba a herir amiamigomásantiguo. —Lo am o, Jess. Su decepción oscureció la ligera sonrisa de su cara. —Entonces será m ej or que te vay as. Lo besé en la m ej illa y salí volando del restaurante a coger un taxi. —¿Adónde vam os? —preguntó el conductor. —A Zero’s. El conductor se volvió para m irarm e y m e echó un buen vistazo. —¿Está segura? —Desde luego. ¡Vam os! —dij e, lanzando dinero sobre el asiento.