Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 242

—Bueno, y o tam poco quiero que vay as a cenar con tu exnovio m añana por la noche. Supongo que los dos tendrem os que pasar por el aro para salvar al inútilde tupadre. Lo había visto antes. Las Vegas cam biaba a la gente: creaba m ons- truos y destrozaba a los hom bres. Era fácil dej ar que las luces y los sueños robados se m ezclaran con tu sangre. Había visto la m irada llena de energía e invencible de Travis m uchas veces m ientras crecía, y la única cura era un avión de vuelta a casa. Jesse frunció el entrecej o cuando volví a m irar el reloj . —¿Tienes que estar en algún otro sitio, Cookie? —preguntó Jesse. —Por favor, dej a de llam arm e así, Jesse. Lo detesto. —Yo tam bién detesté que te fueras. Pero eso no te lo im pidió. —Esta conversación está m ás que agotada. Cenem os y y a está, ¿vale? —Vale, hablem os de tu nuevo novio. ¿Cóm o se llam a? ¿Travis? —Asentí—. ¿Qué haces con ese psicópata tatuado? Parece que lo hay an echado de la fam ilia Manson. —Sé bueno, Jesse, o m e largo de aquí. —No m e hago a la idea de lo m ucho que has cam biado. No puedo creerm e que estés aquí sentada delante de m í. Puse los oj os en blanco. —Pues y a va siendo hora. —Ahí está —dij o Jesse—, la chica que recuerdo. Consulté la hora en m i reloj . —La pelea de Travis es dentro de veinticinco minutos. Será mejor que me vaya. —Todavía tienen que traernos el postre. —No puedo, Jess. No quiero que se preocupe por si voy a apa- recer. Es importante. Dej ó caer los hom bros. —Lo sé. Añoro los días en los que y o era im portante. Apoy é m i m ano sobre la suy a. —Éram os solo unos niños. Ha pasado toda una vida. —¿Cuándo crecim os? Tu presencia aquí es una señal, Abby. Pensaba que no volvería a verte y ahora te tengo sentada aquí delante. Quédate