ducida por elestrés.
—Es la prim era vez que ves a Travis darle una paliza de m uerte a
alguien — dij o Shepley—. Yo lo vi una vez, y no es agradable.
—¿Qué ha pasado? —insistió Am erica.
—Mick llam ó a Benny. Me pasó su deuda a m í.
—¡Voy a m atarlo! ¡Voy a m atar a ese pedazo de hij o de puta!
—gritó America.
—No pensaba hacerm e responsable, pero quería dar una lección a
Mick por enviar a su hij a a pagar su deuda. Lanzó a dos de sus m alditos
perros contra nosotros y Travis se deshizo de ellos. De los dos. En m enos
de cinco m inutos.
—¿Y Benny dej ó que os fuerais? —preguntó Am erica.
Travis salió del baño con una toalla alrededor de la cintura; la única
prueba de su peleaeraunapequeñamarcarojaenlamejilla, debajo delojo
derecho.
—Uno de los tíos a los que dej é inconscientes tenía una pelea m aña-
na por la noche. Lo sustituiré y, a cam bio, Benny perdonará a Mick los
cinco m il que le debe todavía.
Am erica se puso de pie.
—¡Esto es ridículo! ¿Por qué estam os ay udando a Mick, Abby ? Te
ha echado a los leones. ¡Voy a matarlo!
—No, si y o lo m ato prim ero —soltó Travis entre dientes.
—Ponte a la cola —dij e.
—Entonces, ¿vas a pelear m añana? —preguntó Shepley.
—En un sitio llam ado Zero’s. A las seis en punto. Contra Brock
McMann, Shep. Shepley sacudió la cabeza.
—Ni de coña. Joder, ni de coña, Travis. ¡Ese tío está loco!
—Sí —dij o Travis—, pero él no va a pelear por su chica, ¿verdad?
—Travis memeció entresusbrazosymebesó enlacoronilla—. ¿Estásbien,
Paloma?
—Esto está m al. Está m al por m uchísim os m otivos. No sé por cuál
em pezar.
—¿No m e has visto esta noche? Estaré bien. Ya he visto luchar a
Brock antes.
Es duro, pero no invencible.
—No quiero que hagas esto, Trav.