Travis se volvió hacia m í.
—¿Palom a?
—¿Estás bien? —pregunté, m ientras le lim piaba la sangre de la cara.
Me m ordí el labio, torciendo el gesto con una m ezcla de m iedo y alivio.
Travissonrió.
—No es m i sangre, nena. No llores. Benny se puso de pie.
—Soy un hom bre ocupado. ¿Pasas o j uegas?
—Lo haré —dij o Travis—. Dim e cuándo y dónde, y allí estaré.
—Tendrás que pelear contra Brock McMann. No es ningún princi-
piante. Lo vetaron en la UFC el año pasado.
Travis no se inm utó.
—Dim e solo dónde tengo que estar.
La sonrisa de tiburón propia de Benny se extendió en su cara.
—Me gustas, Travis. Creo que serem os buenos am igos.
—Lo dudo m ucho —dij o Travis.
Me abrió la puerta y m antuvo una postura protectora hasta que lle-
gam os a la puerta delantera.
—¡Cielo santo! —gritó Am erica al ver las salpicaduras de sangre que
cubrían la ropa deTravis.
—¿Estáis bien, chicos?
Ella m e cogió de los hom bros y m e escrutó la cara.
—Estoy bien. Solo otro día duro en la oficina. Para los dos —dij e,
secándom e los oj os.
Travis m e cogió de la m ano y corrim os al hotel con Shepley y Am
erica siguiéndonos de cerca. No m ucha gente se fij ó en la apariencia de
Travis. Estaba cubierto de sangre, pero solo algunos visitantes parecían
darse cuenta.
—¿Qué dem onios ha pasado ahí dentro? —preguntó finalm ente
Shepley. Travis se quedó en ropa interior y desapareció en el baño. Abrió
la ducha y
Am erica m e llevó una caj a de pañuelos.
—Estoy bien, Mare.
Suspiró y volvió a ofrecerm e la caj a de pañuelos.
—No, no lo estás.
—Este no es m i prim er rodeo con Benny —dij e.
Notaba los m úsculos doloridos por veinticuatro horas de tensión in-