cuando dej e inconscientes a tus hom bres, pero estoy enam orado de esta
chica y no puedo perm itirte que le hagasdaño.
Benny estalló en una sonora carcaj ada.
—Chico, tengo que concederte que tienes m ás coj ones que nadie que
hay a cruzado esas puertas. Voy a prepararte para lo que te espera. El tipo
bastante grande que tienes a tu derecha es David y, si no puede acabar
contigo con los puños, lo hará con la navaj a que guarda en su funda. El
hom bre de tu izquierda es Dane, y es m i m ej or luchador. De hecho, m
añana tiene una pelea y nunca ha perdido. Espero que no te hagas daño
en las m anos, Dane. Hay m ucho dinero que depende deti.
Dane sonrió a Travis con una m irada salvaj e y divertida.
—Sí, señor.
—¡Benny, no! ¡Puedo conseguirte tu dinero! —grité.
—Oh, no… Esto se pone interesante por m om entos —dij o Benny
riéndose, mientrasseacomodabaensusillón.
David se abalanzó sobre Travis y m e llevé las m anos a la boca.
Era un hom bre fuerte, pero tam bién torpe y lento. Antes de que David
pudiera apartarse o coger su navaj a, Travis lo dej ó fuera de com bate de
un rodillazo en la cara. Cuando Travis le lanzó un puñetazo, no m algastó
el tiem po y le pegó con todas sus fuerzas. Dos puñetazos y un codazo
después, David y acía sangrando en el suelo.
Benny echó la cabeza hacia atrás, riéndose histéricam ente y golpean-
do su escritorio com o un niño que se deleita viendo los dibuj os un
sábado por la mañana.
—Bueno, adelante, Dane. No te habrá asustado, ¿no?
Dane se acercó a Travis con m ás cuidado, con la atención y la pre-
cisión de un luchador profesional. Su puño voló hacia la cara de Travis
a una velocidad increíble, pero Travis lo esquivó, al tiem po que em
bestía con el hom bro a Dane con todas sus fuerzas. Se cay eron sobre el
escritorio de Benny, y entonces Dane cogió a Travis con am bos brazos y
lo lanzó al suelo. Se debatieron en el suelo durante un m om ento; Dane
ganó ventaj a y consiguió asestar unos cuantos puñetazos a Travis m
ientras lo tenía atrapado en el suelo. Me tapé la cara, incapaz de mirar.
Oí un grito de dolor y, cuando volví a m irar, vi a Travis a horcaj adas
encim a de Dane, agarrándolo por el pelo desgreñado, asestándole pu-
ñetazo tras puñetazo en un lado de la cabeza. La cara de Dane golpeaba