Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Página 238

cuando dej e inconscientes a tus hom bres, pero estoy enam orado de esta chica y no puedo perm itirte que le hagasdaño. Benny estalló en una sonora carcaj ada. —Chico, tengo que concederte que tienes m ás coj ones que nadie que hay a cruzado esas puertas. Voy a prepararte para lo que te espera. El tipo bastante grande que tienes a tu derecha es David y, si no puede acabar contigo con los puños, lo hará con la navaj a que guarda en su funda. El hom bre de tu izquierda es Dane, y es m i m ej or luchador. De hecho, m añana tiene una pelea y nunca ha perdido. Espero que no te hagas daño en las m anos, Dane. Hay m ucho dinero que depende deti. Dane sonrió a Travis con una m irada salvaj e y divertida. —Sí, señor. —¡Benny, no! ¡Puedo conseguirte tu dinero! —grité. —Oh, no… Esto se pone interesante por m om entos —dij o Benny riéndose, mientrasseacomodabaensusillón. David se abalanzó sobre Travis y m e llevé las m anos a la boca. Era un hom bre fuerte, pero tam bién torpe y lento. Antes de que David pudiera apartarse o coger su navaj a, Travis lo dej ó fuera de com bate de un rodillazo en la cara. Cuando Travis le lanzó un puñetazo, no m algastó el tiem po y le pegó con todas sus fuerzas. Dos puñetazos y un codazo después, David y acía sangrando en el suelo. Benny echó la cabeza hacia atrás, riéndose histéricam ente y golpean- do su escritorio com o un niño que se deleita viendo los dibuj os un sábado por la mañana. —Bueno, adelante, Dane. No te habrá asustado, ¿no? Dane se acercó a Travis con m ás cuidado, con la atención y la pre- cisión de un luchador profesional. Su puño voló hacia la cara de Travis a una velocidad increíble, pero Travis lo esquivó, al tiem po que em bestía con el hom bro a Dane con todas sus fuerzas. Se cay eron sobre el escritorio de Benny, y entonces Dane cogió a Travis con am bos brazos y lo lanzó al suelo. Se debatieron en el suelo durante un m om ento; Dane ganó ventaj a y consiguió asestar unos cuantos puñetazos a Travis m ientras lo tenía atrapado en el suelo. Me tapé la cara, incapaz de mirar. Oí un grito de dolor y, cuando volví a m irar, vi a Travis a horcaj adas encim a de Dane, agarrándolo por el pelo desgreñado, asestándole pu- ñetazo tras puñetazo en un lado de la cabeza. La cara de Dane golpeaba