Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 235

en algo. Asentí, al tiem po que m e apartaba de él. —Lo sé. Has hecho lo que has podido. Me levantó la barbilla con el dedo. —Nos vem os m añana a las cinco. Se agachó para besarm e en la com isura del labio y se alej ó sin decir otra palabra. Miré a Am erica, que observaba a Travis. No m e atreví a m irarlo a los ojos;nopodíaniimaginarmelaexpresióndeenfadodesurostro. —¿Qué pasa a las cinco? —dij o Travis, con la voz quebrada por la ira contenida. —Ha aceptado cenar con Jesse si él la dej aba quedarse. No tenía m ás opción, Trav —dij o Am erica. Por el tono cauto de la voz de Am erica, sabía que el enfado de Travis era monumental. Alcé los oj os hacia él, y m e fulm inó con la m ism a m irada de quien se siente traicionado que Mick tenía la noche en que se dio cuenta de que y o le había robado su suerte. —Sí, la tenías. —¿Alguna vez has tratado con la m afia, Travis? Lo siento si he heri- do tus sentim ientos, pero una com ida gratis con un viej o am igo no es un precio alto por salvar la vida de Mick. Veía que Travis quería contraatacar, pero no había nada que pudiera decir. —Vam os, chicos, tenem os que encontrar a Benny —dij o Am eri- ca, tirándom e delbrazo. Travis y Shepley nos siguieron en silencio m ientras baj ábam os por el Strip hasta el edificio de Benny. El tráfico en la calle (tanto de coches com o de personas) solo em pezaba a concentrarse. A cada paso que daba, m e em bargaba una sensación de angustia y vacío en el estóm ago, m ientras m i m ente se apresuraba para encontrar un argum ento convin- cente que hiciera que Benny entrara en razón. Para cuando llegam os ante la gran puerta verde que tantas veces había visto y llam am os, no se m e había ocurrido nada que pudierautilizar. No fue ninguna sorpresa ver al enorm e portero (negro, de aspecto tem ible y tan ancho com o alto), pero m e sorprendió encontrar a Benny de pie a sulado. —Benny —dij e con un suspiro.