Jim m y m e tendió la m ano.
—Cuídate, niña. Dile a tu padre que Jim m y Pescelli le envía
saludos. Am erica m e ay udó a recoger m is ganancias, y m e volví
haciaTravis,
m ientras m iraba m i reloj .
—Necesito m ás tiem po.
—¿Quieres probar en las m esas de black j ack?
—No puedo perder dinero, Trav. Sonrió.
—No puedes perder, Palom a. Am erica negó con la cabeza.
—El black j ack no es su j uego. Travis asintió.
—He ganado un poco de dinero. Seiscientos. Puedes quedártelos.
Shepley m e entregó sus fichas.
—Yo solo he conseguido trescientos. Suspiré.
—Gracias chicos, pero todavía m e faltan cinco de los grandes.
Miré de nuevo m i reloj y, cuando levanté la m irada, vi que Jesse se
acercaba.
—¿Qué tal te ha ido? —preguntó con una sonrisa.
—Me faltan cinco m il, Jess. Necesito m ás tiem po.
—He hecho todo lo que he podido, Abby. Asentí. Sabía que y a le
había pedido dem asiado.
—Gracias por dej ar que m e quedara.
—Quizá podría conseguir que m i padre hablara con Benny en tu
nombre.
—Es el lío de Mick. Le voy a pedir una prórroga. Jesse negó con la
cabeza.
—Sabes que eso no va a pasar, Cookie, da igual cuánto le lleves. Si
no cubre la deuda, Benny enviará a alguien. Quédate tan lej os de él com
o puedas.
Sentí que m e ardían los oj os.
—Tengo que intentarlo.
Jesse dio un paso hacia delante y se agachó para hablar en voz baj a.
—Súbete a un avión, Abby. ¿Me oy es?
—Sí, te oigo. —Le solté.
Jesse suspiró, y sus oj os se llenaron de com pasión. Me rodeó con los
brazos y m e besó en el pelo.
—Lo siento. Si no m e j ugara el trabaj o, sabes que intentaría pensar