Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 233

toda m i atención a los j ugadores. —¿Caballeros? —Siéntate, Shirley Tem ple —dij o Jim m y —. Vam os a recuperar nuestro dinero. No nos gusta que nos estafen. —Les deseo lo peor —sonreí. —Tienes diez m inutos —susurró Am erica. —Lo sé —dij e. Intenté olvidarm e del tiem po y de los golpecitos nerviosos que daba Am erica con la rodillas por debaj o de la m esa. El bote estaba en dieci- séis m il dólares, el m ás alto de la noche, y m e lo j ugaba a todo onada. —Nunca he visto a nadie com o tú, chica. Has hecho prácticam ente una partida perfecta. Y no tiene ningún tic, Winks. ¿Te has dado cuenta? —dijo Pauli. Winks asintió, su alegre despreocupación se había evaporado poco a poco con cada m ano. —Me he fij ado. Ni se rasca, ni sonríe, ni siquiera hay cam bio algu- no en su mirada.Noesnatural.Todoelmundotienealgoquelodelata. —No, todo el m undo no —dij o Am erica, petulante. Sentí unas m anos fam iliares sobre los hom bros. Sabía que era Travis, pero no m e atreví a volverm e, no con tres m il dólares sobre la m esa. —Voy —dij o Jim m y. La m uchedum bre que se había reunido a nuestro alrededor aplaudió cuando enseñé m is cartas. Jim m y era el único que podía acercarse a m í con un trío. Nada que m i escalera de color no pudierabatir. —¡Increíble! —dij o Pauli, lanzando sus dobles parej as sobre la mesa. —Me retiro —gruñó Joe, antes de levantarse y largarse furioso de la m esa. Jim m y estaba un poco m ás alegre. —Después de esta noche, m e puedo m orir tranquilo. Me he enfrenta- do a un contrincante de verdadera altura. Ha sido un placer, Abby. Me quedé helada. —¿Lo sabía? Jim m y sonrió. Los años de fum ar puros y beber café habían m an- chado sus enorm es dientes. —Ya había j ugado contigo antes. Hace seis años. He deseado la re- vancha durante m ucho tiem po.