aunque no podía convencerme de que hubieras vuelto, pero, cuando vi a
una preciosa jovencita limpiando una mesa de veteranos, supe qu eras tú
—Sí, soy yo —dij e—. Estás diferente.
—Tú tam bién. ¿Cóm o está tu padre?
—Retirado. Sonrió.
—¿Hasta cuándo te quedas?
—Solo hasta el dom ingo. Tengo que volver a la universidad.
—Hola, Jess —dij o Am erica, cogiéndom e del brazo.
—Am erica —respondió riéndose—. Debería habérm elo im aginado.
Sois inseparables. —Si sus padres se hubieran enterado alguna vez de
que la traía aquí, habríam os dej ado de serlo hace m ucho.
—Me alegro de verte, Abby. ¿Por qué no m e dej as invitarte a cenar?
—dij o él, dando un repaso a mi vestido.
—Me encantaría ponerm e al día, pero no estoy aquí por diversión,
Jess. Me tendió la m ano y sonrió.
—Tam poco y o. Dam e tu identificación.
Me puse seria al darm e cuenta de que tendría que pelear. Jesse no
cedería a m is zalam erías tan fácilmente. Supe que tenía que decirle
la verdad.
—Estoy aquí por Mick. Se ha m etido en problem as. Jesse se m ovió
nervioso.
—¿Qué tipo de problem as?
—Los de siem pre.
—Me gustaría poder ay udar. Nos conocem os desde hace m ucho,
y sabes que respeto a tu padre, pero tam bién sabes que no puedo dej ar
que te quedes.
Lo cogí por el brazo y se lo apreté.
—Debe dinero a Benny.
Jesse cerró los oj os y m eneó la cabeza.
—Cielo santo.
—Tengo hasta m añana. Te estoy pidiendo un favor enorm e, Jesse.
Dam e tiem po hastaentonces.
Me tocó la m ej illa con la palm a de su m ano.
—Podem os hacer una cosa…, si cenas conm igo m añana, te daré
hasta medianoche.
Miré a Am erica y después a Jesse.