Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 229

arnos entrar. Pasam os j unto a varias filas de tragaperras, las m esas de black j ack, y entonces nos detuvim os j unto a la ruleta. Escruté el local exam inando las diferentes m esas de póquer, hasta que m e fij é en la que j ugaban los hom bres de m ás edad. —Esa —dij e, señalándola con la cabeza. —Em pieza agresiva, Abby. Ni se darán cuenta de qué ha pasado. —No. Son perros viej os de Las Vegas. Tengo que j ugar con cautela esta vez. Cam iné hasta la m esa, con m i sonrisa m ás encantadora. Los locales podían oler a un estafador a kilóm etros, pero tenía dos cosas a favor que tapaban el arom a a cualquier engaño: j uventud… y un par detetas. —Buenas tardes, caballeros. ¿Les im porta si m e uno a ustedes? No levantaron la m irada. —Claro, m uñequita. Coge un asiento y ponte guapa. Pero no hables. —Quiero j ugar —dij e, dándole a Am erica m is gafas de sol—. No hay suficiente acción en las m esas de black j ack. Uno de los hom bres con un puro en la boca dij o: —Esta es una m esa de póquer, princesa. Tradicional. Prueba suerte en las tragaperras. Me senté en el único sitio vacío y crucé las piernas con gran ostentación. —Siem pre he querido j ugar al póquer en Las Vegas. Y tengo todas estas fichas… —dij e, al tiem po que dej aba m i pila de fichas en la m esa—, y soy m uy buena por Internet. Los cinco hom bres m iraron m is fichas y luego a m í. —Hay una apuesta m ínim a, encanto —dij o el crupier. —¿De cuánto? —Quinientos, tesoro. Mira…, no quiero hacerte llorar. Hazte un favor y elige una reluciente tragaperras. Em puj é m is fichas hacia delante, encogiéndom e de hom bros tal y com o haría una chica inocente y confiada antes de darse cuenta de que acaba de perder todo su dinero para la universidad. Los hom bres se m iraron entre sí. El crupier se encogió de hom bros y barajó. —Soy Jim m y —dij o uno de los hom bres, tendiéndom e la m ano. Cuando se la estreché, señaló a los dem ás—. Mel, Pauli, Joe y ese es Winks.