Capítulo 15
Ciudad del pecado
Travis dej ó en el suelo nuestras m aletas y m iró a su alrededor.
—Está bien, ¿no? —Lo fulm iné con la m irada y enarcó una cej a—.
¿Qué?
La crem allera de m i m aleta chirrió m ientras tiraba de ella y sacudía
la cabeza. Las diferentes estrategias y la falta de tiem po ocupaban m i m
ente por completo.
—Esto no son unas vacaciones. No deberías estar aquí, Travis.
Al m om ento siguiente, estaba detrás de m í, abrazándom e por la
cintura.
—Yo voy a donde tú vay as.
Apoy é la cabeza contra su pecho y suspiré.
—Tengo que baj ar al casino. Puedes quedarte aquí o ir a dar una
vuelta por el Strip. Nos vem os después, ¿vale?
—Voy contigo.
—No quiero que vengas, Trav. —En su cara vi que había herido
sus sentim ientos y le toqué el brazo—. Para ganar catorce m il dólares
en un fin de semana,tengoqueconcentrarme;además,nomegustaquiénsoy
enesas mesas, y no quiero que lo veas, ¿loentiendes?
Me apartó el pelo de los oj os y m e besó en la m ej illa.
—Está bien, Palom a.
Travis se despidió de Am erica al salir de la habitación, y ella se acer-
có a m í con el m ism o vestido que llevaba en la fiesta de citas. Yo m e
cam bié y m e puse un m odelito corto dorado y unos zapatos de tacón.
Cuando m e m iré en el espej o no pude evitar torcer el gesto. Am erica
m e recogió el pelo y después m e entregó un tubo negro.
—Necesitas unas cinco capas m ás de m áscara, y te tirarán el carné
a la cara si no te pones colorete en abundancia. ¿Te has olvidado de cóm
o se j uega aesto?
Le quité la m áscara de pestañas de la m ano y dediqué otros diez m