Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Página 227

Capítulo 15 Ciudad del pecado Travis dej ó en el suelo nuestras m aletas y m iró a su alrededor. —Está bien, ¿no? —Lo fulm iné con la m irada y enarcó una cej a—. ¿Qué? La crem allera de m i m aleta chirrió m ientras tiraba de ella y sacudía la cabeza. Las diferentes estrategias y la falta de tiem po ocupaban m i m ente por completo. —Esto no son unas vacaciones. No deberías estar aquí, Travis. Al m om ento siguiente, estaba detrás de m í, abrazándom e por la cintura. —Yo voy a donde tú vay as. Apoy é la cabeza contra su pecho y suspiré. —Tengo que baj ar al casino. Puedes quedarte aquí o ir a dar una vuelta por el Strip. Nos vem os después, ¿vale? —Voy contigo. —No quiero que vengas, Trav. —En su cara vi que había herido sus sentim ientos y le toqué el brazo—. Para ganar catorce m il dólares en un fin de semana,tengoqueconcentrarme;además,nomegustaquiénsoy enesas mesas, y no quiero que lo veas, ¿loentiendes? Me apartó el pelo de los oj os y m e besó en la m ej illa. —Está bien, Palom a. Travis se despidió de Am erica al salir de la habitación, y ella se acer- có a m í con el m ism o vestido que llevaba en la fiesta de citas. Yo m e cam bié y m e puse un m odelito corto dorado y unos zapatos de tacón. Cuando m e m iré en el espej o no pude evitar torcer el gesto. Am erica m e recogió el pelo y después m e entregó un tubo negro. —Necesitas unas cinco capas m ás de m áscara, y te tirarán el carné a la cara si no te pones colorete en abundancia. ¿Te has olvidado de cóm o se j uega aesto? Le quité la m áscara de pestañas de la m ano y dediqué otros diez m