rá a sus matonesabuscarme.
Sentí que la garganta se m e quedaba seca.
—Me dej arás sin un centavo, Mick. Tengo que pagar la universidad.
—Oh, puedes recuperarlo en cualquier m om ento —dij o él, hacien-
do un gesto con la m ano para quitarle im portancia.
—¿Cuándo es la fecha tope? —pregunté.
—El lunes, por la m añana. A m edianoche, m ás bien —dij
o, sin remordimientoalguno.
—No tienes por qué darle ni un puñetero centavo, Palom a —dij o
Travis, apretándom e el brazo.
Mick m e cogió de la m uñeca.
—¡Es lo m enos que puedes hacer! ¡No estaría en este lío si no fuera
por tu culpa!
Am erica le apartó la m ano y lo em puj ó.
—¡No te atrevas a em pezar con esa m ierda otra vez, Mick! ¡Ella no
ha sido quien le ha pedido dinero prestado a Benny !
Mick m e m iró con odio en los oj os.
—Si no fuera por ella, tendría m i propio dinero. Me lo quitaste todo,
Abby. ¡Y ahora no tengo nada!
Pensé que pasar tiem po alej ada de Mick dism inuiría el dolor que
conllevaba ser su hij a, pero las lágrim as que fluían de m is oj os decían
lo contrario.
—Te conseguiré el dinero de Benny para el dom ingo. Pero, cuando lo
haga, quiero que m e dej es en paz para siem pre. No volveré a hacer esto
por ti, Mick. Deahoraenadelante, estarássolo, ¿meoyes?Aléjatedemí.
Apretó los labios y asintió.
—Com o tú quieras, Cookie.
Me di m edia vuelta y m e dirigí hacia el coche, m ientras oía que Am
erica decía detrás de m í.
—Haced las m aletas, chicos. Nos vam os a Las Vegas.