Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 225

—Habla de billetes de m il —dij e fulm inando a m i padre con la m irada. Mick escudriñó a Travis. —¿Quién es este pay aso? Travis levantó la m irada de su cartera y sentí su peso sobre la espalda. —Ya veo por qué un tipo listo com o tú se ha visto reducido a pedir pasta a su hij aadolescente. Antes de que Mick pudiera hablar, saqué m i m óvil. —¿A quién debes dinero esta vez, Mick? Mick se rascó su pelo gra- siento y gris. —Verás, es una historia graciosa, Cookie… —¿A quién? —grité. —A Benny. Se m e desencaj ó la m andíbula y di un paso atrás, para acercarm e a Travis. —¿A Benny ? ¿Le debes dinero a Benny ? En qué dem onios estabas pensan… —Respiré hondo; aquello no tenía sentido—. No tengo tanto dinero, Mick. Sonrió. —Algo m e dice que sí. —¡Que no! ¡Te aseguro que no lo tengo! Esta vez sí que la has caga- do, ¿no te das cuenta? ¡Sabía que no pararías hasta que consiguieras que te m ataran! Se m ovió nervioso; el desdén había desaparecido de su cara. —¿Cuánto tienes? Apreté los dientes. —Once m il. Estaba ahorrando para un coche. Am erica m e lanzó una m irada de sorpresa. —¿De dónde has sacado once m il dólares, Abby ? —De las peleas de Travis —dij e, taladrando a Mick con la m irada. Travis m e hizo dar m edia vuelta para m irarm e a los oj os. —¿Has ganado once de los grandes con m is peleas? ¿Cuándo apostabas? —Adam y y o teníam os un acuerdo —dij e, ignorando la sorpresa de Travis. La m irada de Mick se anim ó de repente. —Puedes doblar esa cantidad en un fin de sem ana, Cookie. Podrías conseguirm e los veinticinco para el dom ingo, y así Benny no envia-