Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | страница 224

el Charger. Am erica extendió la m ano y m e agarró del abrigo, forzándom e a pararm e enseco. —¡Abby! —susurró, m ientras señalaba a un pequeño grupo de personas. Se arrem olinaban alrededor de un hom bre m ay or y despeinado que señalaba frenéticam ente hacia la casa, con una foto en la m ano. Las parej as asentían y hablaban sobre la foto entre ellas. Me precipité furiosa hacia el hom bre y le quité la foto de las m anos. —¿Qué dem onios estás haciendo aquí? La m ultitud se dispersó y entró en la casa; Shepley y Am erica m e flanqueaban y Travis m e agarró por los hom bros desdeatrás. Mick dio un repaso a m i vestido y chasqueó la lengua en señal de desaprobación. —Vay a, vay a, Cookie. Veo que no consigues dej ar atrás el espíritu de Las Vegas… —Cállate, cállate, Mick. Date m edia vuelta. —Señalé detrás de él—. Y vuelve al aguj ero del que hay as salido. No te quiero aquí. —No puedo, Cookie. Necesito tu ay uda. —Menuda novedad —dij o Am erica, m ordaz. MickmirómalaAmericaydespuéssevolvióhaciamí. —Estás trem endam ente guapa. Has crecido m ucho. No te habría reconocido por la calle. Lancé un suspiro, hastiada de la charla trivial. —¿Qué quieres? Levantó las m anos y se encogió de hom bros. —Me parece que m e he m etido en un berenj enal, niña. Papi necesita algo de dinero. Cerré los oj os. —¿Cuánto? —De verdad que m e iba bien, en serio. Pero tuve que pedir prestado algo para seguir adelante y … y asabes. —Sí, y a, y a —le solté—. ¿Cuánto necesitas? —Veinticinco billetes. —Joder, Mick. ¿Veinticinco billetes de cien? Si te piras de aquí, te los daré ahoramismo—dijoTravis,mientrassacabasucartera.