Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 220
—¡Será m ej or que le pongas un bozal a tu cita, Brad —le avisó
Travis.
Dos canciones después, noté el pelo en la nuca pesado y húm edo.
Travis m e besó j usto debaj o de la orej a.
—Vam os, Palom a. Necesito un cigarrillo.
Me conduj o escaleras arriba y cogió m i abrigo antes de guiarm e
hasta el segundo piso. Salió a la terraza y nos encontram os con Parker
y su cita. Era m ás alta que y o, y tenía el pelo corto y oscuro, recogido
con una sola horquilla. Me fij é inm ediatam ente en sus tacones de
aguj a, porque rodeaba la cadera de Parker con la pierna. Ella estaba de
pie con la espalda pegada contra la pared de ladrillos; cuando Parker se
dio cuenta de que nos íbam os, sacó la m ano de debaj o de la falda de
suacom pañante.
—Abby —dij o él, sorprendido y sin aliento.
—¿Qué hay, Parker? —dij e, ahogando la risa.
—¿Qué tal te van las cosas? Sonreí educadam ente.
—Muy bien, ¿y a ti?
—Eh… —Miró a su cita—. Abby, esta es Am ber. Am ber…, Abby.
—¿Abby, Abby ? —preguntó ella.
Parker asintió rápidam ente y algo incóm odo.
Am ber m e estrechó la m ano con cara de asco, y entonces m iró a
Travis comosiacabaradetoparseconsuenemigo.
—Encantada de conocerte…, supongo.
—Am ber —la avisó Parker.
Travis soltó una carcaj ada y entonces les suj etó las puertas para que
pasaran.
Parker cogió a Am ber de la m ano y se retiró al interior de la casa.
—Ha sido… raro —dij e, sacudiendo la cabeza m ientras doblaba los
brazos y m e apoy aba contra la verj a.
Hacía frío, y solo había un par de parej as fuera. Travis era todo son-
risas. Ni siquiera Parker podía arruinarle su buen hum or.
—Al m enos ha seguido adelante y ha dej ado de hacer todo lo posible
por recuperarte.
—No creo que intentara tanto recuperarm e com o alej arm e de ti.
Travis arrugó la nariz.